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lunes, 25 de abril de 2011

rechazamos este acto violento y ofensivo contra los niños y mujeres, no hay ninguna justificacion

Masacran a siete indígenas wayuu en territorio venezolano

La tarde del sábado en La Alta Guajira se tiñó de rojo con la sangre de siete nativos de la etnia wayuu, entre ellos dos menores de edad, que fueron masacrados, al parecer, en un acto de venganza contra el clan González Cambar. Otras cuatro personas fueron heridas.

El hecho se presentó pasadas las dos de la tarde en un paraje boscoso, cuando un grupo de la familia González Cambar se dirigía a un poblado del estado Zulia (Venezuela), tras salir de sus rancherías en la Serranía Jarara, a bordo de un camión tipo 350.

Según versiones de prensa en el vecino país, “once miembros de la etnia fueron emboscados y siete de ellos asesinados”. En el ataque, cinco adultos y dos niños fueron alcanzados por las balas y murieron en la vía ubicada entre los caseríos Guachualí y Cusia, del poblado Porshoure, cerca de Castilletes, en el municipio Guajira.

También resultaron heridas de bala cuatro personas que acompañaban a los González Cambar, mientras que una quinta quedó ilesa y fue quien informó a los familiares.

Por el momento, las circunstancias en las que se registraron los hechos no se encuentran plenamente establecidas, pues mientras algunas autoridades afirman que se trató de una venganza, parientes de los fallecidos denunciaron que el ataque fue cometido por una banda de cobravacunas, atracadores, violadores y asesinos que desde hace varios años imperan en la Alta Guajira y que es liderada por Ricardo Palmar, alias El Moushana y Atilio Estrada, apodado El Chuto.

“El chofer del 350 donde viajaba mi familia intentó huir, pero los ladrones le dispararon a los cauchos del vehículo. Durante la lluvia de balas asesinaron a mis sobrinos y nietos e hirieron al resto de los ocupantes. Luego huyeron”, detalló uno de los familiares de las víctimas.

Rechazo e indignación. La organización Wayuu Munsurat, una ONG que es liderada por varias mujeres que defienden la causa de la mujer y todos los miembros de la etnia, rechazó esta forma de violencia contra los nativos, sobre todo porque dos niños figuran entre las víctimas.

En los protocolos de la guerra de estas comunidades indígenas, se dejó por fuera del conflicto a las mujeres y a los niños, así sea que se trate de una venganza, conducta que nos es extraña en esta etnia.

http://www.elheraldo.co/region/masacran-siete-indigenas-wayuu-en-territorio-venezolano-18175

sábado, 11 de septiembre de 2010

Las víctimas de Bahía Portete: entre la memoria del pasado y la reinvención del presente


Bahía Portete es una ranchería de la Alta Guajira donde vivían unos 600 indígenas Wayuu hasta el 18 de abril de 2004. Ahora viven allí tan solo cinco familias. El resto se desplazó y vive entre Maracaibo y Riohacha. La mayoría quisiera volver al resguardo donde un día los desplazaron los paramilitares. Pero no pueden, sus victimarios aún se mueven por la región.
El 18 de abril de 2004, mientras el gobierno discutía de paz con los paramilitares en Ralito, Córdoba, al otro lado de la Costa Caribe, a las siete de la mañana entraron a Bahía Portete paramilitares enviados por ‘Jorge 40', 'Chema Bala' y 'Pablo'. Los hombres del pueblo habían salido a pescar y en todo caso, los paras buscaban a unas mujeres con lista en mano.

Primero fueron por Margoth Fince Epinayú, de 70 años. La subieron a una camioneta, la amarraron de brazos y pies, la amenazaron con un hacha y un machete, le dispararon en la cara, y luego, ya muerta, la botaron en un cerro cerca de su casa. Otros paramilitares quemaron la camioneta de su hijo, donde se encontraban dos niñas que aún no se sabe si sobrevivieron. Igual, están desaparecidas.

Margoth era una de las fundadoras de la Asociación Indígena de Autoridades Tradicionales: Akotchikrrawa. Era maestra, intermediaba entre su comunidad y los blancos, preservaba la tradición oral y era dueña de una tienda, una camioneta y algunos animales que le daban un estatus social. Pero sobre todo, Margoth se oponía a una alianza entre la comunidad y los grupos paramilitares en la zona.

Después de Margoth, los paramilitares buscaron a Rosa Fince Uriana, quien también se oponía a la alianza. Junto con su sobrina Reina y su hermana Diana, las llevaron a una loma donde Rosa fue torturada. La decapitaron y cortaron sus senos. Desplazados de Bahía Portete, que trabajaron con el Grupo de Memoria Histórica de la Comisión de Reparación y Conciliación que acaba de presentar un informe preliminar sobre cuatro masacres emblemáticas, aseguran que también fueron torturados sus familiares, pero los cuerpos aún continúan desaparecidos. La masacre de Portete es única en el sentido en que las víctimas fueron casi todas mujeres y el informe de la Comisión busca explicar la violencia contra las mujeres a través de él.

Sólo un hombre fue asesinado en esta masacre, se llamaba Rubén Eponayú y tenía 18 años. Lo amarraron a una camioneta y lo arrastraron por la carretera hasta llegar al corregimiento de Nazareth. Tres hombres y tres mujeres más fueron torturados también. Sufrieron estas torturas, a la vista de todos, en lugares importantes para la comunidad como el jaguey, los cerros y el cementerio, donde los paramilitares también profanaron las tumbas.

Los paramilitares no encontraron a otras dos mujeres que buscaban, maestras en la escuela de Bahía Portete. Isabel Fince Epinayú y Yeicy Iguarán Fince habían salido del pueblo unos días antes. Se salvaron también las 140 personas que huyeron hacia el mar hasta la isla Amareu apenas se enteraron de la incursión paramilitar y otros que corrieron hacia el monte hasta llegar al comando de Cojoro, frontera con Venezuela y a tres días del pueblo. Bahía Portete quedó vacío. El proceso de paz con los paramilitares continuó en Ralito sin más.
La Memoria de la masacre

Según los testimonios recogidos por el Grupo de Memoria, se fueron los paramilitares, pero no sin antes dejar su versión de los hechos. En varias de las paredes de Bahía Portete dibujaron graffitis con la silueta de mujeres sexualmente abusadas. “Mensajes ofensivos que recordaban las violaciones de las mujeres, el rasgamiento de los senos, el abrir de los vientres”, dijo una de las víctimas a los investigadores.

Los graffitis siguen pintados en las paredes de las casas y en el centro de salud. “Se borran pero vuelven a aparecer, los vuelven a dibujar. Siguen ahí para intimidarnos, para que uno sienta pena, para que uno sienta miedo”, dijo a La Silla Vacía Débora Barros, líder de la organización de Mujeres Tejiendo la Paz, hermana y tía de dos de las mujeres asesinadas.
“Se borran pero vuelven a aparecer, los vuelven a dibujar. Siguen ahí para intimidarnos, para que uno sienta pena, para que uno sienta miedo” -Débora Barros-

Aparecen de nuevo porque los paramilitares, bajo otra sigla, siguen allí y todavía tienen a las mujeres en la mira. En la cultura wayuu, las mujeres son la conexión entre los indígenas y los blancos, y también entre los vivos y los muertos.

Los periódicos no reportaron la masacre sino 20 días después de que ocurriera. Y según el informe de Memoria Histórica, los únicos medios que contaron la versión de las víctimas fueron los venezolanos. En Colombia, los periodistas le dieron voz a los victimarios. En versión libre ante la Fiscalía, ‘Jorge 40’ admitió su responsabilidad en la masacre, pero justificándola al señalar a los habitantes de Bahía Portete de secuestradores y ladrones.

Débora Barros, junto con las organizaciones Waya Wayuu, Fuerza de Mujeres Wayuu, Red de Mujeres del Caribe y Wayuu Munsurrat, se han organizado para reconstruir los hechos y para que sea su versión la que perdure. Todos los aniversarios de la masacre en Bahía Portete, realizan un ritual llamado las Yanamas, en memoria de las personas que murieron ese 18 de abril. Pero, luego, deben devolverse a Riohacha y a Maracaibo. Su seguridad aún está en riesgo.
Un territorio Wayuu, pero una tierra en disputa
Tienen miedo de volver porque por más que ‘Jorge 40’ haya sido extraditado a Estados Unidos y ‘Chema Bala’ esté condenado a 38 años de cárcel, alias ‘Pablo’ no se desmovilizó y aún tiene mucho poder en la zona.

En Bahía Portete el conflicto armado no ha terminado ni existen condiciones para que cese pronto. Portete es un puerto donde el contrabando siempre ha sido una alternativa al poco empleo que hay y donde contrabandistas se aliaron con narcotraficantes regionales para negociar drogas, armas y gasolina.

Las Farc y el ELN tuvieron presencia en la Sierra Nevada de Santa Marta y en la Serranía del Perijá pero nunca alcanzaron a llegar a la Alta Guajira porque en 2002, llegaron los paramilitares a la zona. Y a pesar de que los indígenas de Bahía Portete avisaron sobre las amenazas en su contra, la unidad del Ejército adscrita al Batallón de Cartagena que había sido destinada para patrullar la ranchería, fue retirada días antes de la masacre.

Para los Wayuus no hay duda que allí se aliaron los militares con los paras de la zona, y por eso demandaron al Estado por omisión y complicidad del Ejército. Ya van cinco años desde que fue interpuesta la demanda. El Gobierno les ha manifestado a estas víctimas que es necesario conciliar porque las cifras que exigen son muy altas. No han llegado a un acuerdo aún.
Las mujeres de Bahía Portete no han querido entrar en el marco de la ley de Justicia y Paz porque les parece “una ley de impunidad” y por esto no han accedido a ningún tipo de reparación.
Para aquellas mujeres indígenas, cuyo cuerpo se convirtió en territorio de guerra, ¿tendrá la Ley de Víctimas que presentará el Gobierno la próxima semana algún consuelo?



http://www.lasillavacia.com/historia/17970

miércoles, 21 de abril de 2010

Versiones libres de ‘ex paramilitares’ se retransmitirán desde hoy en Maicao

Por Ernesto Acosta Solano

Para los días 21,22 y 23 de abril en la Casa de la Cultura, la Alcaldía Municipal a través de la Secretaría de Gobierno, en conjunto con la Unidad de Justicia y Paz de la Fiscalía General de la Nación, Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación y la Defensoría del Pueblo, realizarán la retransmisión de las versiones libres de los miembros de los grupos armados al margen de la ley que actuaron en Maicao, violando los derechos fundamentales de muchos habitantes de esta zona del país.

En versiones libres rendidas a la justicia, los culpables de hechos atroces, tanto en el municipio como en el área urbana y rural reconocen sus delitos, por ello se convoca a todas las personas que fueron víctimas de crímenes de lesa humanidad a asistir a esta emisión que hace parte del proceso de Justicia y Paz.

Fred Fuentes Mindiola, funcionario de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación señala: ‘no es fácil ser partícipes de este proceso, mucho menos escuchar narrar cómo torturaron, martirizaron y acabaron con la vida de personas de bien, pero es un proceso que no sólo sirve para la reparación de las víctimas sino también es el camino para cerrar dolorosas heridas’. A la vez conmina a quienes han sufrido algún tipo de vejamen, a hacer parte de este proceso el cual consta de varios pasos: el primero el reconocimiento del crimen por parte de los culpables, identificación de las víctimas y reparación por parte del Estado a los afectados.

La Administración Municipal a través de la secretaria de Gobierno, Angélica Moscote Palacio, se comprometió a realizar el acompañamiento respectivo con un médico y varios psicólogos que apoyen a los asistentes en tan delicada situación.

Este es un acto abierto que convoca no sólo a las víctimas ya establecidas, sino también a quienes aún no hacen parte del proceso, no hay un período de tiempo establecido y pueden diligenciar el formulario que permita la reparación del Estado a las violaciones recibidas, de personas que hoy se encuentran bajo resguardo de las autoridades por sus múltiples delitos.

Los primeros cuatro postulados

La audiencia pública a cuatro ex miembros del frente contrainsurgencia Wayúu de las AUC, quienes rindieron versión libre de los hechos, en donde perdieron la vida varias personas; será retransmitida hoy en Maicao.

Los postulados son: Jorge Álvarez Andrade, alias 'Pedro' o '16'; Luis Antonio Giraldo Agudelo, alias 'Gomelo' o 'Jhonathan'; Ferny Argumedo Torres, alias 'Matatigre' y Pablo Antonio Peinado Padilla, alias 'Mauricio' o 'Repollo'.

La investigación está a cargo del fiscal 31 ante el Tribunal Superior de Justicia y Paz. Según las propias declaraciones de los postulados, habrían participado en varios homicidios ocurridos desde el año 2003 al 2006 en los municipios de Uribia y Maicao. Según José Gregorio Álvarez Andrade conocido con el remoquete de 'Pedro' participó en la masacre ocurrida el 18 de abril del 2003 en la Alta Guajira, en donde murieron varias personas. También dijo haber incursionado en dos oportunidades en la finca La Esperanza, una fue en el año 2003 y la otra, en el 2004.

En el casco urbano de Maicao, también aseguró haber apretado el gatillo de su arma de fuego para segarle la vida a varias personas. Esa incursión se denominó como la masacre Serviflas, cuando unos ciudadanos jugaban dominó. Hecho ocurrido el 8 de abril del 2006.

Finalmente, en la audiencia pública realizada en Barranquilla, también afirmó haber asesinado a sangre fría al periodista Jaime Rengifo Roveto, hecho que conmocionó no solamente al pueblo guajiro sino al país y al mundo.

En el auditorio también se escuchará la versión libre de Ferney Argumedo Torres, alias 'Matatigre', quien dijo haber participado en la masacre de la finca La Esperanzas en el 2003, en donde fallecieron 5 personas y en la comunidad indígena de Montermont en jurisdicción del corregimiento de Carraipía, ahí hubo cuatro víctimas fatales.

http://www.el-informador.com/detgua.php?id=61063

martes, 2 de diciembre de 2008

REARME EN LA GUAJIRA

Verdad Abierta estuvo en la Guajira y pudo constatar procesos de rearme paramilitar en la media y alta Guajira, además de la fuerte presencia de hombres de 'Don Mario' en la región y el preocupante impacto del narcotráfico en esta zona del país.


Ideas para la Paz para Verdadabierta


Dos hechos ocurridos en noviembre muestran lo que ocurre en la Guajira en orden público. Por un lado la masacre de seis personas en Maicao y por otro la reciente incautación de 2.5 toneladas de coca en la alta Guajira. Ambos con un hilo conductor, la fuerte presencia bandas armadas integradas por ex paramilitares e involucradas de lleno en el negocio del narcotráfico.
El sábado 8 de noviembre fueron asesinadas seis personas pertenecientes a la etnia Wayúu en Maicao. Ese día dos personas en una motocicleta dispararon a un grupo familiar en el barrio Santander y le causaron la muerte a Rafael Antonio Valdeblánquez Barros, Eider Manuel Barros, José David Mindiola Gámez, los hermanos Carlos y Arturo Iguarán Acuña, y María Mary Epiayú Ipuana, quien se encontraba en estado de embarazo.


Entre los muertos se encontraba Eider Manuel Barros, hijo de José María Barros Ipuana, alias "Chema Bala", conocido paramilitar miembro de los Wayúu y quien hacía parte del frente contrainsurgencia Wayúu del bloque Norte que lideraba "Jorge 40". "Chema Bala" comandó junto a otros paramilitares la masacre de Bahía Portete (municipio de Uribia) en abril de 2004 en la cual fueron asesinadas 12 personas, desaparecidas más de 30 y originó el desplazamiento de más de 600 Wayúu.


Así mismo otro de los asesinados, Rafael Antonio Valdeblánquez, era hijo de Gervasio Valdeblánquez Ipuana conocido comerciante guajiro que ha sido relacionado con los paramilitares y el narcotráfico en la región. En junio de 2007 circuló una foto suya en compañía de Vicente Castaño quien al parecer se escondía en la Guajira.
'Chema Bala', quien convivió con una hermana de Gervasio Valdeblánquez, fue capturado en octubre de 2004 por la DIJIN y posteriormente se acogió a la Ley de Justicia y Paz, luego de las desmovilizaciones del bloque Norte en marzo de 2006. Barros Ipuana fue pedido en extradición por los Estados Unidos el 22 de agosto de 2007, y esta fue autorizada por el gobierno colombiano el pasado 10 de octubre. Hoy espera en la cárcel de Cómbita su traslado a la Florida.
La incautación el pasado 19 de noviembre de 2.5 toneladas de clorhidrato de cocaína en la alta Guajira es el más reciente golpe de las autoridades a las redes de narcotráfico que operan en la zona. Estas redes que en un principio eran lideradas por el bloque Norte de las AUC y luego vendidas a los 'Mellizos', hoy están bajo el poder de 'Don Mario' y de Arnulfo Sánchez González, alias 'Pablo'.
Arnulfo Sánchez González alias "Pablo" lider de los grupos rearmados en la media y alta Guajira. Foto Policía
Este último cargamento, avaluado en 63 millones de dólares, fue incautado por la Policía Antinarcóticos en zona rural de Puerto Chimare dentro de un camión de estacas con placas del Estado de Zulia (Venezuela), y según las autoridades pertenecía a alias "Don Mario".
El operativo es el último de una serie que en lo que va de este año ha significado la incautación de 113 toneladas de cocaína en el país. En la Guajira en febrero de este año fue incautada una tonelada en Manaure, en agosto fueron dos toneladas más cerca de Puerto Bolívar y en septiembre 4.83 toneladas fueron halladas enterradas en un sector denominado Parajimarahu.
La llegada de los paramilitares a la Guajira acrecentó la importancia de esta zona para los narcotraficantes.


Los "paras" a la Guajira


Los paramilitares llegaron a la Guajira por el sur en el año 2002 a manera de ejército de ocupación, motivados por los narcotraficantes de la zona y algunas familias locales relacionadas con negocios ilícitos. Con su entrada 'Jorge 40' y sus hombres asesinaron a dos hombres claves del negocio del contrabando y el narcotráfico, ambos de ascendente Wayúu, Mario Cotes el 10 de julio de 2002 y Luis Ángel González el 6 de marzo de 2003. Luego de otra serie de asesinatos selectivos el jefe del bloque Norte coloca a "Felipe" como comandante de la zona y empiezan a apoderarse de territorios como Maicao, Manaure y Uribia.


Posteriormente se crea el frente contrainsurgencia Wayúu a partir de una alianza entre 'Jorge 40' y la familia Ipuana, que se consolida tras la masacre de Bahía Portete. De esta alianza hacen parte 'Chema Bala' y Arnulfo Sánchez González, alias 'Pablo', quedando este último al mando luego de la captura del primero. Bajo esta estructura los paramilitares se apoderan del negocio del narcotráfico, el contrabando, la venta de combustible, la extorsión y desde luego la contratación pública en municipios como Uribia. Así mismo fueron los responsables de muchas de las masacres, homicidios selectivos y desapariciones que las comunidades Wayúu tienen documentadas (ver informe).


Sin embargo, tras la desmovilización del bloque Norte en el 2006, la propia Defensoría del Pueblo y la MAPP/OEA empezaron a alertar sobre la presencia de reductos de paramilitares que no se habían desmovilizado y que se autodenominaban "Comandos Águilas Negras". Al parecer alias "Pablo", junto a sus hermanos se encontraban detrás de estas estructuras.
Paramilitarismo y narcotráfico hoy
Entre las hipótesis que se manejan localmente sobre la reciente masacre en Maicao existe una que ha empezado a tomar fuerza y que define el vínculo actual entre los reductos paramilitares y el narcotráfico.


Entre la comunidad Wayúu las muertes serían un ajuste de cuentas entre familias de su étnia, algunas involucradas con las redes de narcotráfico, y otras que han decido desligarse y han planteado otros mecanismos de resistencia. Este escenario tiene como trasfondo las estrategias utilizadas por el paramilitarismo para colocar en función de sus intereses –el narcotráfico- los conflictos históricos entre los diferentes clanes.
Lo que se dice en la región es que algunas personas entregaron información a las autoridades, lo que a su vez permitió la incautación de varios cargamentos de coca que las bandas emergentes pensaban sacar por la Alta Guajira. Al parecer una de las personas que delató algunos de los embarques estuvo en el lugar donde se cometió la masacre, abandonando el lugar minutos antes del hecho. Esta persona es conocida en la región como 'Wakuko' y actualmente se desconoce su paradero. Para muchos, la presencia del hijo de 'Chema Bala' y de Valdeblánquez en el lugar no es fortuita.


La masacre es atribuida a hombres de alias 'Pablo' quien siempre ha considerado a Maicao como una zona estratégica y de retaguardia, y al parecer es el responsable de coordinar la seguridad para estos envíos de coca. En este municipio mantiene dos emisarios quienes con unos 30 hombres controlan la extorsión en el triángulo conformado por Maicao, Majayura y Carraipía.
Así mismo transita entre Maicao y Uribia, ubicándose en estribaciones del Cerro la Teta (Uribia), lugar donde también tiene su sede un destacamento del ejército.


Por otro lado y con relación al papel de alias 'Don Mario' en la zona hay también varias versiones. Lo cierto es que su presencia o la de los "venidos de Urabá", como los llaman los Wayúu, es evidente. En Maicao a inicios de este mes se supo del cobro de una doble extorsión al comercio por grupos distintos, uno a nombre de alias 'Julio' y otro a nombre de alias 'Mauricio'. Sin embargo, fuentes de inteligencia creen que al igual que pasó con lo 'Mellizos', 'Pablo' y su gente mantienen una estrategia de no confrontación y alianza para el envío de coca, ahora con 'Don Mario'.


En la Alta Guajira algunas comunidades Wayúus están resistiendo a la presión de estos grupos ilegales. Algunas personas de la comunidad, consultadas por Verdadabierta, temen que ante la falta de presencia de la fuerza pública en la zona, sean los mismos wayúus los que se tomen la justicia por su cuenta, cómo ha pasado en casos de venganzas entre familias de esa étnia.
En la Guajira la desmovilización paramilitar no parece ser referenciada como tal por sus habitantes y los poderes políticos locales involucrados con estos grupos aún mantienen vigencia. Así mismo, la aparente omnipresencia de 'Don Mario' en distintas zonas del país solo parece explicarse, como en este caso, por las varias estructuras de las antiguas Auc que nunca se desmovilizaron y que hoy en día defienden con las viejas prácticas paramilitares su participación dentro del negocio del narcotráfico.

http://www.verdadabierta.com/web3/conflicto-hoy/rearmados/572-paramilitares-y-narcotrafico-en-la-guajira


jueves, 23 de agosto de 2007

BAHIA PORTETE Y SUS MUERTOS SIEMPRE LOS RECORDAMOS

El drama del orgulloso pueblo wayúu


18 de junio de 2007, 08:35
María Teresa RonderosBogotá, Colombia
AFP

Niños wayúu colombianos juegan con restos de camiones-tanque incendiados en Maicao, cerca de la frontera con Venezuela.
En los territorios desérticos del norte, en la península de la Guajira, donde Colombia y Venezuela se encuentran, vivió tranquilo y soberano el pueblo wayúu desde muchos años antes que vinieran los españoles a América. Resistió la conquista de ellos y de los colonos criollos. Más recientemente, cuando la guerrilla comenzó a rondar sus tierras, también logró mantenerla a raya. Fue así hasta hace un lustro. Hombres altivos, mujeres bellas, matronas que definen el linaje familiar y hábiles artesanas de tejidos finos, la mayoría de sus 70 mil habitantes del lado colombiano (porque con los wayuú venezolanos suman 300 mil) son pobres y honrados. Algunos de los jefes de clanes familiares eran ricos y contrabandistas de tradición.
Desde 2002, la historia wayúu se partió en dos. Llegaron a la región los paramilitares, con el jactancioso nombre de Autodefensas Unidas de Colombia (Auc) bordado en sus uniformes. Ellos los humillaron, los engañaron, les quebraron el alma y se erigieron en los amos de sus territorios.
No era que los wayúu fueran exactamente clanes pacíficos. No. Eran guerreros. Sus jefes vivían armados, se dedicaban a traer whisky y cigarrillos de contrabando y, más recientemente, unos cuantos estaban metidos en el negocio de la exportación de cocaína. A veces se desataban guerras entre algunos de sus 22 clanes que dejaban varios muertos. Pero no se rompían los códigos de la tradición: no se matan mujeres ni niños, no se matan ancianos, no se mata sin razón. Por eso La Guajira, desértica en la parte alta, verde en la media, con carbón de sobra (tiene la mina a cielo abierto más grande del mundo) y gas a montones, era uno de los departamentos colombianos donde menos sangre había corrido en este último medio siglo tan doloroso para este país.
Todo eso cambió. Primero llegaron unos pocos hombres del jefe paramilitar del vecino departamento del César, apodado Jorge 40, y mataron a dos policías aduaneros y al hijo de un jefe wayúu de Maicao (otrora el centro del contrabando nacional). Era su anuncio de que llegaban para quedarse. Mario Cote, uno de los más escuchados jefes wayúu, presintió lo que se les venía encima. Cote controlaba la mercancía que llegaba de los puertos y tenía acuerdos con los "turcos" de Maicao para sus negocios ilegales. Cuenta una pariente suya que reunió a los jefes de los clanes y les dijo: "No nos hemos dejado de nadie en 500 años, no nos vamos a dejar ahora". Sellaron la unión, se armaron y salieron a combatir a los paras. Dicen que alcanzaron a matarles unos cuantos hombres.
No debieron siquiera imaginar las consecuencias de su provocación. Las Auc corrompieron a algunos wayúu con camionetas y armas nuevas, a otros los enfrentaron. Aunque hay versiones contradictorias, se dice que para destruir el ánimo que les infundió Mario Cote, les tendieron una trampa. Jorge 40 invitó a Cote a un encuentro para negociar. Cote cargó 18 botellas de whisky y 100 millones de pesos en su camioneta, por si había trato, y salió a su cita en las tierras del jefe de las Auc. Lo encontraron días después maniatado de pies y manos, con un tiro de gracia en la cabeza. Le siguieron más muertes de otros jefes wayúu rebeldes que no se habían querido someter al nuevo patrón: los que dirigían el contrabando y coordinadores de los pequeños puertos sobre el Caribe a donde llegaban los barcos contrabandistas. A otros los sacaron huyendo o los entregaron a la justicia. Con sus respetados jefes muertos, muchos wayúu buscaron aliarse con los paras. Ningún pescador ni lanchero podía trabajar sin pagarles a las Auc alguna extorsión.
Entonces se desató el diablo. El 18 de abril de 2004 unos 200 paramilitares llegaron a la Alta Guajira, después de cuatro horas de atravesar el desierto. Irrumpieron en los pueblitos sobre el mar en la zona de Bahía Portete. Saquearon rancherías, asesinaron mujeres, quemaron niños vivos, decapitaron ancianos, se robaron las "tumas" o piedras sagradas de trueque, destruyeron la posta médica. Ni siquiera dejaron en paz a los espíritus, pues profanaron el cementerio. Al final de su pavoroso recorrido, quedaron 12 indígenas asesinados -entre ellos, Margarita Epinayú de 75 años-, 33 desaparecidos y más de 1.000 wayúu forzados al exilio. Unos corrieron despavoridos hasta Maracaibo (Venezuela); otros, a los pueblos más grandes de la Guajira.
Por esos días las wayúu vieron llorar a los hombres más rudos. Desde que se volvieron señores de esos desiertos, los paramilitares han cosechado enormes ganancias. El viejo contrabando de electrodomésticos y whisky se redujo a nada; el tráfico de drogas, en cambio, floreció. Se hicieron al negocio del contrabando de gasolina desde Venezuela, donde el combustible cuesta once veces menos que en Colombia. Se apoderaron del control de la cooperativa wayúu que tenía permiso oficial para vender gasolina del lado colombiano a precios más baratos. Los más cautos calculan que ese comercio les produce 250 mil dólares diarios de utilidad.
Mantener el imperio de tan jugosos negocios cuesta sangre. Por eso las muertes no han cesado. Van 200 wayúu asesinados en los cinco años de dominio paramilitar. Vino la desmovilización de los hombres de Jorge 40 en marzo de 2006. Pero los paras de allá arriba en la Guajira, que siempre respondieron a su mando, nunca se dejaron sus armas. El sanguinario comandante Pedro de las Auc -que "cuida" los puertos- sigue ahí.
A pesar del miedo, los wayúu están saliendo de su marasmo y empezando a hacer sentir su clamor. Mujeres valientes de la Alta y Media Guajira se han organizado para recuperar lo suyo, no con armas ni con guerras, sino atreviéndose a contarle al mundo lo que les pasa, exigiendo protección, denunciando. Que su pueblo no resiste más violencia, que los 320 refugiados en Maracaibo quieren volver y no pueden, que necesitan que las autoridades hagan lo suyo y destierren al demonio que anda suelto en sus arenas, para poder volver ser el pueblo autónomo y orgulloso que fueron por centurias.
Terra Magazine

martes, 26 de junio de 2007

ASESINADO MIEMBRO DE LAS AUC DE LA ALTA GUAJIRA

El occiso Miguel Angel Gomez, era miembro de las AUC contrainsurgencia Wayuu en la alta guajira, se encontraba al mando de alias pablo.
tenia orden de captura por fiscalia unidad Derechos Humanos por la masacre de BAHIA PORTETE del 2004.

Asesinado de varios tiros una persona
El Informador
mensajes@el-informador.com

Uribia Una persona perdió la vida en circunstancias que son motivo de investigación por parte de las autoridades. El occiso fue identificado como Miguel Ángel Gómez de 28 años de edad, estado civil unión libre, natural y residente en Uribia, Moreu, quien presentó varios impactos con arma de fuego en diferentes partes del cuerpo, las que le produjeron la muerte de manera instantánea. El occiso habitaba en la calle 4 Nro 7F-05 del barrio Ismael García y el cuerpo sin vida fue encontrado en la comunidad Orrochon en zona rural de Uribia. El levantamiento del cuerpo lo realizó el Inspector Central de Policía en asocio con el personal de la Policía Nacional. Los móviles y autores son materia de investigación.