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miércoles, 2 de junio de 2010

No hubo consulta previa de Corpoguajira: primera conclusión en tema de Portete


Miércoles, 02 de Junio de 2010 05:00


En una nueva reunión efectuada en las instalaciones de la Procuraduría Regional de La Guajira, en la mañana de ayer, entre la comunidad de Portete, Alta Guajira y la Corporación Autónoma de La Guajira, Corpoguajira, teniendo como garante a la Procuradora Regional, se concluyó con un paso en contra de la máxima autoridad ambiental del Departamento.


La reunión fue promovida por el inconformismo de un sector de la comunidad, que se opone a un proyecto de plántulas ejecutado por una ONG Campesina Ambiental de Palomino, dirigida por Miguel Rosado, contratada por Corpoguajira.

Para tal fin la Corporación Autónoma debió contar con el aval de la máxima autoridad indígena del territorio y luego socializar el proyecto, pero según la primera conclusión de la reunión de ayer, no hubo consulta previa de Corpoguajira y la socialización se efectuó luego de iniciada la ejecución del proyecto.

Al margen de la situación se presentó un debate sobre la verdadera autoridad del territorio, que en principio reposó en el nombre de Juan Epinayú, pero posteriormente se comprobó que quien tiene bajo su cargo el mando es Agustín Fince Epinayú.

Ambos líderes wayuu fueron confrontados ayer y se concluyó que el segundo, a quien no se le había mencionado sobre el proyecto, es autónomo sobre las acciones que se desarrollen en Portete.

La insistencia de las partes

Corpoguajira, quien al parecer resulta mayormente afectado dentro de la discusión, fue representada por su director Arcesio Romero Pérez y sus asesores jurídicos, quien presentó ante la comunidad de Portete y la Procuradora Regional sus descargos.

“Corpoguajira trae un mensaje de paz. Dejamos claro que sí realizamos la socialización con la comunidad de Portete”, indicaron los representantes de Corpoguajira.

El sector inconforme de la comunidad de Portete entregó pruebas que demostraron la vigencia de Agustín Fince como máxima autoridad indígena de Portete, soportándose con documentos del Ministerio del Interior.

Intervención neutral

La procuradora regional de La Guajira, Carmen Beatriz de Vega de Martínez, señaló que no eran 42 mil las plántulas sembradas en Portete y que le daba la sensación que “alguien había generado un daño mayor al de las hermanas Barros”.

Por su parte, el jefe de investigación de la Fiscalía, Roberto Hernández, indicó que luego de la denuncia interpuesta por Miguel Rosado, “un investigador se desplazó hasta el lugar para la verificación”, por lo que elaboraron un informe y “ya será entregado al fiscal que lleva el caso”.

Por su parte, el secretario de Asuntos Indígenas de Uribia, José Velásquez, señaló que las autoridades indígenas wayuu son vitalicias, o sea hasta que mueran o presenten caso de demencia.

http://www.diariodelnorte.net/generales/regionales/2812-no-hubo-consulta-previa-de-corpoguajira-primera-conclusion-en-tema-de-portete.html

lunes, 15 de marzo de 2010

El 'Señor del desierto'



Publicado por la REVISTA SEMANA.
'Pablo' es una leyenda en la Alta Guajira. Con seis camionetas tipo Hammer el Ejército lo persigue, sin éxito, en 15.000 kilómetros cuadrados de dunas y cactus. Saca un tercio de la coca del país, según la Polícia, y mueve un botín de un millón de dólares a la semana. Crónica de José Alejandro Castaño.
Sábado 13 Marzo 2010PUBLICIDAD

Las operaciones de ‘Pablo’ en la frontera mantienen ocupados a seis camiones Hummer del Ejército colombiano. La gente dice que de nada sirve si además no le meten helicóptero a la búsqueda. Mientras, la Policía ya ha capturado a 37 de sus hombres, seis toneladas de droga, lanchas rápidas, camionetas y hasta una avioneta desarmada que pretendía ensamblar en el desierto
La Flor de La Guajira, un poblado en medio del ardiente desierto, es el epicentro de las actividades de ‘Pablo’. Allí las autoridades de Venezuela surten de agua a las colombianas, su iglesia apenas se sostiene casi abandonada y es corriente que sus hombres paren en una esquina y reten el único letrero que busca imponer algo de orden.
JUSTICIA

La Flor de la Guajira es un pueblo de seis casas y una iglesia de la que Dios decidió marcharse hace años, quizás abrumado por el tedio. En la construcción, sin techo por culpa del viento y el salitre, no hay ornamentos ni bancas ni un crucifijo, sólo estiércol en las paredes, quién sabe de qué animal. Afuera, en el atrio de arena y piedras, hay un mástil donde antes ondeaba una bandera de Colombia. Más allá, abajo, a sólo un par de kilómetros, se ve el mar del Golfo de Maracaibo, azul, luminoso, caliente. A medio día, el sol del desierto arde a 45 grados centígrados y cuece la carne de chivo que la gente tiende como si fuera ropa recién lavada. No hay agua, nunca la hay. La poca que alguien puede usar para bañarse y cocinar la traen camioneros de Venezuela en carrotanques por los que cobran una fortuna, hasta medio millón de pesos. La Flor de la Guajira es corregimiento de Uribia y su alcaldesa se llama Cielo Redondo, pero la autoridad aquí la impone alguien más. Se trata de su dueño, el 'Señor del desierto', alias 'Pablo'. La Policía lo persigue hace tres años.

Su nombre es Arnulfo Sánchez y fue el comandante de Resistencia Wayuu, un grupo guajiro contrainsurgente que se negó a hacer parte del proceso de Justicia y Paz. En 2007, Pablo formalizó una alianza con 'Don Mario', el zar del mercado de cocaína en Urabá. La idea de ambos era pretenciosa: extender su imperio a lo largo de los 1.600 kilómetros de la costa caribe y exportar como locos, en barcos, aviones, lanchas, submarinos artesanales. El acuerdo, sin embargo, se rompió por culpa de la pérdida de un millonario cargamento de cocaína. Los unos culparon a los otros y se inició una guerra, otra más, que al fin terminó el año pasado tras la captura de 'Don Mario' en Cerro Azul, en el municipio de Turbo, delatado por sus propios hombres. El 'Señor del Desierto' no ha perdido tiempo.

Según las autoridades, gracias a la caída de su ex socio, ahora 'Pablo' les exporta droga a Los Paisas, a Las Águilas Negras, a las Autodefensas Gaitanistas y a pequeños carteles del centro y el sur del país que lo buscan por su reconocida confiabilidad. Él es un hombre de piel trigueña, al parecer nacido en Antioquia, cabello lacio, ojos pequeños, cejas pobladas, nariz ancha, rostro redondo, de unos 45 años, nadie lo sabe con exactitud. La Policía lo responsabiliza de la salida de un tercio de la cocaína que se produce en el país por los recovecos de La Alta Guajira, una inmensidad de 15.000 kilómetros cuadrados.

"Se sabe que tiene pistas clandestinas y sitios de embarque para lanchas rápidas en la costa del lado colombiano y del lado venezolano. Todo esto que usted ve es de él", reconoce un policía armado con fusil, chaleco antibalas y un radio de comunicaciones que no parece funcionar en estas lejanías, justo en el límite invisible con la nación cuyo Presidente ha amenazado enviar a la frontera batallones, tanques de guerra y aviones bombarderos.

En las madrugadas, en lo alto de la península, se puede distinguir luces moviéndose a toda prisa. En el comando de Castilletes, en la línea divisoria, los policías cuentan de ruido de avionetas en las noches y estelas de agua en el mar. Aunque todos saben que se trata de embarques con droga, a semejante distancia lo único que pueden hacer es gastar munición disparando al aire. Uno, después de oír la historia de esos balazos inútiles contra la oscuridad, llega a imaginar que tantas estrellas en este rincón de Colombia, quizá sean agujeros de disparos. Vaya país poético, alguien dirá patético. En La Flor de La Guajira, si una persona necesita pedir auxilio, no puede. No hay cómo.

El único teléfono público del caserío dejó de funcionar hace meses. Un viejo y su perro se recuestan cerca, como si esperaran la llamada que nadie les hará. El pueblo más próximo, unos kilómetros al sur, también es tierra de 'Pablo' y también fue bautizado con un nombre excesivo: El Paraíso. A sus hombres, para mortificarlos, les dicen 'adanes'.

El capitán Sánchez es el comandante de una unidad militar a 10 kilómetros de Castilletes. Se trata de una base rodeada de alambres de púas y garitas donde viven 50 soldados entrenados en tácticas de asalto a campo abierto. Aunque se supone que representan a un Estado en el otro extremo ideológico del vecino, eso no impide que a veces, de cuando en cuando, un camión cisterna de la guardia venezolana, de los vecinos, los aprovisione de agua. La rudeza del desierto no sabe de himnos ni banderas. Estos hombres sedientos también persiguen a 'Pablo'.

Sus armas más apreciadas, contrario a lo que se podría pensar, no son sus fusiles de última generación con miras telescópicas ni sus lentes de visión nocturna. Se trata de seis camiones tipo Hummer, capaces de alcanzar velocidades de más de 100 kilómetros por hora en las dunas del desierto, sin temor a pinchazos por rocas o espinas de cactus. Hasta ahora, sin embargo, además de la polvaredas que levanta en sus camperos de película, el Ejército no logra mayor cosa.

"Sabemos que los cargamentos de droga sí nos los pasan por aquí, cerquita, pero el tipo es muy gato", admite un soldado encandilado por el sol que rebota en una lata de cerveza vacía. Puesto en cifras, las autoridades calculan que 'Pablo' y sus hombres pueden hacerse a un botín de más de un millón de dólares a la semana, una fortuna que los carteles le pagan gustosos por el embarque de sus fardos de cocaína hacia Centroamérica y las antillas, de donde siguen hacia Estados Unidos y Europa, el paraíso de los drogadictos más ricos del planeta. Parece lucha perdida.

En inmediaciones del cerro de La Teta, en la mitad del trayecto entre Uribia y La Flor de La Guajira, hay siempre un piquete de soldados. Apenas media hora después, en un cruce de caminos, se puede ver hombres de 'Pablo' patrullando con fusiles y radios de comunicación como si nada, ventilándose el calor con sus sombreros. 'El Dani', uno de los cientos de contrabandistas de gasolina y productos venezolanos que transitan la zona a diario, piensa que, a menos que el Ejército le sume helicópteros a su caravana de Hummer y lleve oficiales de alto rango, el desierto no cambiará de dueño.

En efecto, una de las mayores dificultades que deben enfrentar las autoridades colombianas es que 'Pablo' ha encontrado una retaguardia segura del lado venezolano. Historia repetida. La Policía tiene claro en cuáles poblaciones del vecino país se esconde el 'Señor del desierto' antes de aventurarse en territorio colombiano, dónde duerme, dónde sale de parranda y a dónde se va conseguir mujeres. Por eso, cansados de dar vueltas en círculo, los oficiales a cargo de su captura acaban de cambiar su estrategia de caza: ahora cuentan con una red de informantes, algunos de ellos miembros de las rancherías Wayuu donde 'Pablo' y sus hombres solían parar y descansar. Se trata de indígenas que antes trabajaron para él.

"Es que al principio el hombre ayudaba a la gente y así se la fue comprando, con víveres, licor, armas y agua. Era un padrino y todos lo querían", dice un guajiro protegido del sol bajo la sombra de una pared. Pero las cosas han cambiado. "'Pablo' comenzó a matar al que le da la gana, a unos a machete, a otros a balazos. Se lleva a las mujeres que quiere, recluta a los jóvenes a las malas y abusa, abusa", advierte el mismo guajiro, y escupe en el piso de polvo. La última vez que la Policía estuvo a punto de capturarlo fue hace dos meses, gracias a un delator, en un albergue de paso en mitad de la nada, camuflado entre un bosque de cactus y trupillos, un arbusto espinoso del que se alimentan las recuas de chivos.

Desde 2007, la Policía ha capturado 37 de los hombres del 'Señor del desierto', le ha decomisado seis toneladas de droga e incautado fusiles, munición, lanchas rápidas, radios de comunicación, camionetas y, una vez, hace seis meses, una avioneta desarmada que, al parecer, pretendían ensamblar en algún lugar del desierto. Así van las cosas.

En La Flor de La Guajira hay un letrero que llama la atención. Está en la pared de la única tienda de provisiones. "Prohibido orinar. Multa 100.000 pesos". "Los hombres de 'Pablo' pasan cada rato y se mean ahí, felices y risueños", se queja una mujer.

http://www.semana.com/noticias-nacion/senor-del-desierto/136285.aspx

jueves, 10 de diciembre de 2009

MEMORIA Y DIVERSIDAD ETNICA



En este capítulo se describen los casos de dos comunidades étnicas que
reclaman al Estado por atropellos y violaciones históricas y recientes a sus
derechos y a sus territorios. En sus propios términos, los hechos de violencia
del presente, generados por el conflicto armado, remiten a memorias no
resueltas de crímenes anteriores que nunca fueron saldados y a deudas históricas
encarnadas en el proceso de esclavización, en el despojo de tierras
de la Colonia, y en otros eventos de violencia masiva. Los reclamos actuales
se centran alrededor de la implantación de mega proyectos de desarrollo y
la siembra indiscriminada de palma africana, coca y amapola en los territorios
ancestrales, y en torno a los incumplimientos del Estado colombiano
a sus demandas de verdad, justicia y reparación como consecuencia del impacto
que la violencia del conflicto armado ha tenido sobre las diferentes
comunidades. Según estas comunidades, las actividades bélicas y de explotación
económica de sus territorios violentan y lesionan sus planes de vida.
En este libro hemos abordado teórica y metodológicamente el estudio
de las memorias del conflicto armado analizando cómo la violencia se ha
inscrito y ha operado en la vida cotidiana de las personas, cómo se ha
infiltrado en los espacios públicos y privados de las actividades diarias.
Paralelamente, nos hemos aproximado a las formas mediante las cuales
algunas comunidades, movimientos sociales y organizaciones afectadas
por la violencia vuelven a habitar sus lugares y sus cuerpos1. Hemos
aludido al sufrimiento provocado por actos violentos y al terror como
los medios a través de los cuales la memoria se inscribe en los cuerpos
y en los lugares. Las reflexiones que siguen a continuación se enfocan
1. Véase Das, 2007.
127
Capítulo III


principalmente en las gramáticas culturales del duelo que permiten entender
cómo un pasado doloroso puede ser habitado nuevamente desde la
cotidianidad. Lo anterior implica entender cómo se resiste desde las prácticas
diarias, cómo vuelven a ser vividos y adquieren nuevos significados
los lugares de devastación y cómo las experiencias privadas de dolor se
transforman en experiencias de dolor articuladas en público. No es por
medio de gestos de escape que se vuelven a hacer propios esos espacios,
sino mediante su ocupación en el presente a través de un gesto de duelo2.
Consecuentemente nos aproximamos a la función que la memoria tiene
en la resignificación de esos espacios a través de las prácticas, significados,
discursos y puestas en escena, lo que implica una aproximación a
la memoria como proceso corporal, emocional y arraigado en prácticas
cotidianas3. El estado de emergencia en el que vive mucha gente exige
que pongamos atención a los mensajes que están codificados e inscritos
indirectamente en formas no verbales y extralingüísticas, modos de comunicación
donde los significados de la resistencia y los deseos de utopía
son una protección y un escudo contra la dominación4.
1
LA ORGANIZACIÓN WAYUU
MUNSURAT. RESTAURANDO LA
COTIDIANIDAD
Las reflexiones que siguen acerca de la organización indígena Wayuu
Munsurat de la Guajira están centradas en las iniciativas de memoria relacionadas
con el conflicto armado, desde una perspectiva étnica y de género.
La organización fue conformada por un grupo de mujeres de la etnia
Wayuu después de la masacre de Bahía Portete, ocurrida el 18 de abril de
2. Tomado de Das, 2006: 214.
3. Espinosa, 2007.
4. Conquergood, 2002.
128


2004 cuando un grupo paramilitar al mando de Rodrigo Tovar Puppo, alias
“Jorge Cuarenta”, asesinó e hizo desaparecer a mujeres y niños del clan
Uriana Epinayú, habitantes ancestrales de esta localidad. Los familiares
sobrevivientes huyeron a Riohacha y a Maracaibo. Los paramilitares sólo
permitieron recoger los cuerpos de las personas asesinadas días después,
impidiendo que fueran enterrados en los cementerios de Bahía Portete,
de forma que fueron sepultados en la vereda de Media Luna. Abordar este
trabajo desde las perspectivas étnica y de género significa aproximarse
a la complejidad de los trabajos de la memoria para repensar términos y
categorías que, recientemente, han comenzado a ser instrumentalizados,
manipulados y homogenizados como “memoria”, “posconflicto”, “reparación”,
“reconciliación” y “justicia”, entre otros. Esta perspectiva nos
permite entender las políticas culturales de la memoria como un terreno
de lucha por significados y representaciones que pretenden crear nuevas
prácticas políticas y, consecuentemente, nuevos significados en medio de
espacios cargados de afectos. Desde ese lugar podremos entender la capacidad
de la memoria de escapar, subvertir, hacer presentes las ausencias,
deshacer las linealidades que la historia construye y los significados que
categorías como las antes mencionadas fijan y determinan5. Analizaremos
el caso comenzando por un breve resumen del contexto histórico de los
últimos años del departamento de la Guajira, más adelante abordaremos
5. Das, 2008.
Logo. Organización Wayuu Munsurat
129
Capítulo III


la masacre de Bahía Portete como un acontecimiento o evento crítico6 con
el fin de entender la coyuntura en la cual surgió la organización Wayuu
Munsurat y centrarnos en su historia reciente. Finalmente nos referiremos
a los trabajos de memoria, las alianzas y redes de esta organización
con otras organizaciones que llevan agendas similares.


Contexto Histórico


“Los pueblos indígenas después de más de 514 años de expropiación de
nuestros territorios, del cercenamiento a nuestra lengua y cultura, mantenemos
la mente lúcida para replicar una realidad dura que se ha traducido
en situaciones complejas pero, seguimos estando aquí, haciendo ejercicios
para que se mantengan la voz y la sabiduría”.


Vicente Epinayú


Un breve resumen del contexto histórico de los últimos años del departamento
de la Guajira implica tener en cuenta el cruce de violencias estructurales
y coyunturales en el que han vivido los Wayuu durante siglos, más específicamente
la comunidad Wayuu de Bahía Portete. Es a través de la articulación
entre las causas u orígenes de los hechos y su relación con la vida cotidiana
que se puede entender cómo las prácticas cotidianas están permeadas por
la historia. A lo largo de la historia republicana el territorio Wayuu se fue
configurando como un territorio marginal, localizado en la periferia de los
centros de poder tanto de Colombia como de Venezuela y en medio de escenarios
de apogeo y decadencia y de actividades económicas extractivas y de
enclave. Estas actividades han sido principalmente la extracción de perlas
en el mar Caribe, la comercialización de la marihuana, la explotación de
carbón, el contrabando y las actividades relacionadas con el narcotráfico7.
En las primeras décadas del siglo XX comenzó el proceso de “integración”
de los Wayuu a la nación colombiana. Las características consuetudinarias
de la región, como el contrabando y la llamada falta de control social
6. El término evento crítico proviene del historiador francés François Furet. Designa aquellos
eventos que “intuyen una nueva modalidad de acción histórica que no estaba inscrita en
el inventario de la situación” (citado por Ortega, 2008: 28). Veena Das también utiliza este
término y analiza cómo estructura y afecta el presente.
7. Boscan, 2007: 24.
130
Memorias en Tiempo de Guerra Repertorio de iniciativas


fueron algunas de las preocupaciones no sólo de los padres capuchinos,
sino también del Ejército y de la policía nacional. El Diccionario Geográfico
de la Guajira, publicado por el Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de
Colombia en 1944, la describe como una región “donde no hay campo sino
para los hombres valientes, sufridos, o que amen la aventura [...] múltiples
buscadores de fortuna, elementos de índole heterogénea, especialmente
venezolanos, han convertido a la Guajira en su campo de acción [...] al
margen de la justicia”.8 Consecuentemente la historia de la Guajira tiene
que ser entendida desde una perspectiva de historia de frontera, de zona
periférica y marginal dentro del proyecto del Estado nación.
A mediados de la década de 1970 la Guajira vivió la llamada “bonanza marimbera”
generada por el cultivo y el tráfico de marihuana. Esta bonanza
trajo nuevos ingresos, generó aumentos en los precios de bienes y servicios
difíciles de importar a la región e incorporó dentro de sus estructuras
delincuenciales a varios clanes de familias tradicionales de la Guajira
e indígenas Wayuu. Sin embargo, de esta bonanza sólo le quedaron a la
Guajira los muertos que puso, lo que se puede corroborar con los datos sobre
criminalidad en Colombia. En efecto, durante el período 1975-1982, la
Guajira fue el departamento con mayor tasa de homicidios en el país, 92 por
cada 100.000 habitantes, casi tres veces por encima de la media nacional
que, para la época, era de 32 por cada 100.000 habitantes. Otras secuelas
fueron la deforestación de los pocos terrenos cultivables de la península, el
desplazamiento de cultivos comerciales y/o tradicionales, la violencia, los
sobornos y otros síntomas de descomposición social. La caída de los precios
internacionales de la marihuana puso fin a la bonanza marimbera que
había imperado en la región por cerca de dos décadas. Al terminar la bonanza,
el departamento se encontró con un panorama desolador: amplias zonas
deforestadas y cientos de muertos producto de la guerra entre mafiosos y
bandas armadas descontroladas9. En 1984 el Estado colombiano englobó
buena parte de la península de la Guajira en el Resguardo de la Alta y Media
Guajira, integrado por casi 1.000.000 de hectáreas, lo que en rigor abarca
apenas unas dos terceras partes del territorio ancestral ocupado por este


8. Villalba Hernández, 2003.
9. Ibídem.
131
Capítulo III


grupo étnico. Con la Constitución Política de 1991 se abrieron nuevos espacios
para definiciones legislativas sobre territorios étnicos; sin embargo,
quedaron por resolver la colisión entre las numerosas reservas industriales,
turísticas, urbanas y militares que afectan al resguardo Wayuu y el reclamo
ancestral de los Wayuu por esos espacios, así como el estatuto legal del
territorio Wayuu que aún no se ha definido como tal.
Entre las décadas de 1980 y 1990 se registran las primeras acciones armadas
perpetradas por grupos armados como las FARC y el ELN a nivel
departamental. Éstas consistieron en incineración de vehículos y casas,
atentados a la infraestructura energética, activación de artefactos explosivos
en sitios públicos y peajes y retenes ilegales. Los actos terroristas
más comunes perpetrados por el ELN fueron las voladuras del gasoducto
que transporta gas natural tanto al departamento de la Guajira como a
gran parte de la región Caribe10. La violencia paramilitar tuvo su inicio en
la década de 1980 y estuvo asociada al auge del narcotráfico y fue tolerada
por diferentes gobiernos, especialmente por las Fuerzas Armadas. Al
igual que en otras regiones, en el departamento de la Guajira los grupos
paramilitares se aliaron con narcotraficantes que vieron en estos grupos
al socio necesario para la protección de su negocio ilícito. En un primer
momento los grupos paramilitares aparecieron en el sur de la Guajira
como respuesta a la actuación de grupos guerrilleros, pero con el tiempo
se fueron transformando en un proyecto propio paraestatal. Estos grupos
se organizaron en diferentes bloques autónomos, vinculados con actores
institucionales y no institucionales, y ejercieron un control del poder político,
económico y social sobre todo de la media y baja Guajira. El bloque
con mayor dominio en toda la Guajira fue el bloque Norte comandado por
Rodrigo Tovar Puppo, alias “Jorge 40”.
Los paramilitares de la alta Guajira, agrupados en el Frente Resistencia
Tayrona o Frente Contrainsurgencia Wayuu, no tuvieron una finalidad política
ni antisubversiva, como en el resto del país. Sus intereses fueron
fundamentalmente económicos, ligados al negocio del narcotráfico a
10. Villalba Hernández, 2003.
132
Memorias en Tiempo de Guerra Repertorio de iniciativas
través de Venezuela y las islas del Caribe. Realizaron cobros extorsivos
a comerciantes, ganaderos y transportadores y tomaron el control de la
comercialización de la gasolina. En torno a ellos se reorganizó la base de
un nuevo poder que empezó asesinando y desplazando a los pobladores
naturales de la media y alta Guajira, apoderándose de los negocios más
rentables de la frontera tales como el tráfico de armas, de drogas y el movimiento
de contrabando. Paralelamente, se ejecutaron masacres tanto
en el sur de la Guajira, en Villanueva, como en la alta Guajira, en Bahía
Portete, crímenes selectivos en todo el departamento y se registraron
un sinnúmero de desaparecidos y de personas desplazadas. Estos grupos
sembraron el terror en todo el territorio a través de prácticas como la
tortura y el descuartizamiento, con unos excesos que no terminan de
sorprender a los mismos Wayuu que han tenido que soportar todo tipo de
violencias a largo de tantos siglos de existencia11.
Una de las principales prácticas de terror implantadas por el paramilitarismo
fue el desplazamiento forzado de familias Wayuu a los municipios
de Maicao, Uribia, Manaure y Maracaibo. Buena parte de estos desplazados
fueron acogidos por sus propias familias, factor que imposibilita
visibilizar la magnitud del fenómeno. Igualmente, muchos desplazamientos
no han sido reportados, en algunos casos por miedo a posteriores
persecuciones, y en otros por omisión de las autoridades municipales que
desestiman la veracidad de lo relatado por los Wayuu. Los paramilitares
tuvieron la capacidad de poner en función de sus objetivos de expansión
y consolidación las guerras entre los clanes Wayuu, las cuales fueron manipuladas
con el doble propósito de exterminar más fácilmente a sus opositores
y esconder detrás de éstas otros
conflictos propios de los Wayuu12.
El 10 de marzo del 2006, alias “Jorge 40”, comandante del bloque Norte,
se desmovilizó y en mayo del 2008 fue extraditado a Estados Unidos por
cargos de narcotráfico. A pesar del proceso de desmovilización adelantado
por el gobierno nacional con los grupos paramilitares, las comunidades
afirman que estos grupos no han dejado de delinquir en este territorio.
11. Villalba Hernández, 2003.
12. Los Wayuu son considerados un grupo indígena guerrero a partir de las frecuentes
rivalidades que existen entre las diferentes familias que se traducen en vendettas. La masacre de Bahía Portete,
un evento crítico


“Ante tanta matanza en esta masacre, los espíritus de los difuntos no están
en paz y nosotros tampoco”
Mujer Wayuu sobreviviente de la masacre
Según un comunicado de la Organización Wayuu Munsurat, la masacre
ocurrió el 18 de abril de 2004 y dejó como resultado 13 personas asesinadas,
30 desaparecidas y el desplazamiento de más de 300 familias. La
alta Guajira, o Winpamuin, donde se ubica Bahía Portete, fue el escenario
de tal evento. Reconocido como Resguardo Indígena durante la década
de 1980 por el Instituto Colombiano para la Reforma Agraria – INCORA–,
en este lugar habitaban entre 150.000 y 200.000 indígenas Wayuu de
los clanes Ballesteros Epinayú, Fince Epinayú y Fince Uriana. Después
de la masacre quedaron sólo unas pocas familias, el resto se desplazó a
Riohacha, Maicao y Maracaibo principalmente; hoy en día Bahía Portete
es reconocida como un “pueblo fantasma”.
Pensar la masacre de Bahía Portete como evento crítico permite entender la
coyuntura en la cual fue creada la organización Wayuu Munsurat, los cambios
que ésta introdujo dentro y fuera de la comunidad de Bahía Portete,
la forma en que las instituciones y los actores sociales se apropiaron de su
significado y su capacidad para estructurar y afectar el presente13.
De acuerdo a las denuncias y testimonios acopiados por la Organización
Nacional Indígena de Colombia –ONIC– y las autoridades tradicionales
Wayuu, la masacre de Bahía Portete tiene como trasfondo intereses ligados
al contrabando y al narcotráfico, al comercio intrafronterizo y a la implementación
de mega proyectos estratégicos. Éstos últimos son: concesiones
petroleras y de gas de las aguas marítimas de Portete; expansión de la producción
carbonífera que sale al exterior por Puerto Bolívar, el puerto del
complejo carbonífero de El Cerrejón; el nuevo parque eólico Jepirachi construido
por las Empresas Públicas de Medellín EPM y varios proyectos eco turísticos
y etnoturísticos, ubicados a 10 kilómetros de Portete y adelantados
13. Das, 2008.

134
por el gobierno colombiano y por empresas multinacionales. Todos estos
proyectos llevaron a que el puerto de Bahía Portete se convirtiera en un
sitio codiciado por las compañías impulsoras de tales intereses.
Según se deduce de testimonios recogidos entre algunos miembros de la
organización Wayuu Munsurat, el señor José María Barros Ipuana, alias
“Chema Bala”, introdujo los paramilitares en Bahía Portete y fue el creador
de la red Wayuu de apoyo a los paramilitares. Implicado en la masacre
de abril del 2004 y amparado por narcotraficantes y paramilitares, específicamente
por “Jorge 40”, decidió desalojar a las comunidades y familias
dueñas del territorio de Bahía Portete con el fin de poder ejercer con mayor
libertad sus negocios de narcotráfico. Según dice en su testimonio Débora
Barros, una de las líderes de la organización Wayuu Munsurat,
“como Wayuu, Chema Bala y su familia representan el desconocimiento de
las leyes tradicionales Wayuu y la superposición de dinámicas mafiosas,
corruptas y asesinas. A la familia de Chema Bala las familias que habitaban
en Portete le habían concedido permiso del uso del puerto, pero nunca se
135
Capítulo III


imaginaron el uso que él haría de éste, ejerciendo una expropiación paulatina
del territorio, violentando y rompiendo así la cultura Wayuu”.
Las autoridades departamentales hicieron ver el conflicto entre la familia
de Chema Bala y las demás familias Wayuu de Bahía Portete como una clásica
disputa de clanes Wayuu. Sin embargo, una de las líderes explica cómo
este conflicto no puede entenderse simplemente como un conflicto entre
familias Wayuu porque va más allá de esto, ya que se trata de
“dos proyectos culturales diametralmente opuestos; es, en últimas, la resistencia
ejercida por las familias y el proyecto cultural tradicional ajeno
a la acción delincuencial, corrupta y clientelista de los contrabandistas,
narcotraficantes y paramilitares y desvinculado del modelo de “desarrollo”
brutal de las multinacionales a fin de facilitar la extracción y el saqueo de
los recursos naturales”14.
Los hechos que llevaron a la Masacre


La intención de alias “Chema Bala” de apropiarse del puerto ubicado en el
resguardo de Portete se remonta al año 1996, cuando tienen lugar una serie
de ataques a varias familias tradicionales, a través del despojo, el hurto y
el homicidio. En el 2001 se instalan en la zona los llamados paramilitares
que inicialmente trataron de ganarse la confianza de la población, pero
no demoraron mucho en cometer atropellos contra la gente, al sentir que
tenían el control y el dominio del lugar. Según testimonios de habitantes
de Bahía Portete, los antecedentes de la masacre dan cuenta de un enfrentamiento
entre la Policía Fiscal Aduanera –Polfa– y paramilitares que el 28
de abril de 2003 asesinaron a dos policías de esa división en Bahía Portete,
en casa de la familia Fince. Dos de sus miembros, Rolan y Alberto Ever
Fince, declararon acerca del homicidio de los miembros de la Polfa y el 1 de
febrero de 2004 fueron asesinados por paramilitares al servicio de “Chema
Bala”. En estos hechos también fue asesinada la señora Gregoria Medina y
herido en una pierna el señor Rein Ever Fince. En septiembre 19 de 2003
los estudiantes Nicolás Barros Ballesteros y Arturo Epinayú denunciaron en
Uribia que los paramilitares estaban trabajando con droga, amenazando y


14. Testimonio de Débora Barros


maltratando a la gente. Al día siguiente regresaron a Portete pero ya los
paramilitares sabían de su denuncia, los esperaron, retuvieron y asesinaron.
El 18 de abril de 2004, mientras el gobierno nacional se reunía con los jefes
paramilitares en Santafé de Ralito, en Bahía Portete se cometía la atroz masacre.
Entre el 18 y el 20 de abril de 2004 en la alta Guajira, en jurisdicción
del municipio de Uribia, fueron torturados y asesinados varios indígenas
de la etnia Wayuu por parte de un grupo aproximado de 40 hombres fuertemente
armados, pertenecientes a la estructura paramilitar denominada
Frente Resistencia Tayrona o Frente Contrainsurgencia Wayuu. Según testimonios
de habitantes de la región, el frente paramilitar fue apoyado por al
menos seis militares adscritos al Batallón de Infantería No. 6, quienes dieron
muerte a los ciudadanos indígenas Rubén Epinayú, Rosa Fince Uriana
y Margot Epinayú Ballesteros; de igual modo asesinaron a una persona sin
identificar de quien sólo se halló un miembro izquierdo calcinado. También
se reportó la desaparición de Diana y Reina Fince15. Los hechos generaron
terror entre los vecinos y dolientes, a raíz de lo cual se produjo el desplazamiento
forzado y masivo de aproximadamente 600 personas entre mujeres,
ancianos y niños, hacia poblaciones como Maracaibo en Venezuela. Lilia
Epinayú, testigo clave de la masacre y confiada en la promesa de protección
del gobierno nacional, regresó a Bahía Portete y fue asesinada el 13 de julio
de 2005 por paramilitares. Sus familiares debieron huir, por lo que el cuerpo
de Lilia permaneció expuesto al sol por espacio de 10 horas. Después de
la masacre los Alaulayuu, autoridades tradicionales de Portete, produjeron
un documento titulado Informe sobre los hechos de los Alaulayuu de Portete,
víctimas de la masacre del 18 de abril del 2004. En él denuncian las relaciones
entre militares, paramilitares y las multinacionales presentes en la
zona16. Según una de las líderes de la organización Wayuu Munsurat,
“el conflicto que hoy vivimos, nunca fue imaginado ni intuido por nuestros
sueños, pero es una realidad que esperamos que termine pronto
para poder vivir tranquilos en nuestra tierra. En el caso de mi comunidad
de Bahía Portete, esta se encuentra desplazada fuera de sus tierras


15. Datos tomados de testimonios de las víctimas y de la pagina web de la Organización
Wayuu Munsurat http://organizacionwayuumunsurat.blogspot.com/
16. Ibídem.

ancestrales debido a la incursión paramilitar en el 2004, por esta situación
embargados de dolor y tristeza, esperando que los grupos paramilitares
abandonen nuestro territorio y podamos volver a sonreír, donde los
niños puedan caminar y correr en su desierto y sentir las brisas del mar
que hoy no sentimos donde estamos desplazados”.
Eventos que desencadenó la masacre de
Bahía Portete
La organización Wayuu Munsurat se creó pocos meses después de ocurrida
la masacre. Nació de la iniciativa de un grupo de mujeres que decidieron visibilizar
y denunciar los hechos, las injusticias cometidas contra el pueblo
Wayuu durante siglos, y más específicamente contra las mujeres. El primer
llamado que hace la organización Wayuu Munsurat fue el siguiente:
“Queremos llamar la atención nacional e internacional sobre la tragedia que
significa para un pueblo como el Wayuu no sólo la extensa lista de Wayuus
que han sido ya sea asesinados o desaparecidos forzadamente, entre 2000
y 2007, a causa de la violencia paramilitar y el conflicto armado, sino también
evidenciar los innumerables y desconocidos desplazamientos masivos y
familiares que afectaron a muchas comunidades del pueblo Wayuu y de los
cuales ni siquiera hubo registros ni reportes. Como se ha venido diciendo
con insistencia, la gravedad de la tragedia del pueblo Wayuu se profundiza
si se tiene en cuenta que esta ha sido negada por amplios sectores de
la institucionalidad pública que encontraron en los tradicionales conflictos
entre clanes Wayuu, la excusa perfecta para evadir el reconocimiento de la
sistemática arremetida paramilitar contra comunidades del pueblo Wayuu”17.
La mencionada organización indígena se ha dedicado principalmente a denunciar
lo sucedido en Bahía Portete, pero al mismo tiempo su movilización
y luchas se centran en la violación de los derechos de los pueblos indígenas
y en las injusticias de las que han sido objeto desde los tiempos de la conquista,
con un fuerte énfasis en la perspectiva de género. La organización
está conformada principalmente por mujeres víctimas de la masacre, cuyos
principales objetivos han sido la lucha por una reparación diferente a la
17. Véase la página Web anteriormente mencionada.

que propone el Estado y el retorno a su territorio. Igualmente esta organización
ha sido una de las primeras que ha visibilizado y denunciado el conflicto
armado en la Guajira y sus consecuencias, ya que lo ocurrido en este
departamento se agrava aún más por el enorme silencio y la impunidad que
han existido. En efecto, a pesar de las masacres ocurridas, de los asesinatos,
las desapariciones y los desplazamientos, su situación es desconocida
tanto a nivel nacional como internacional. Las razones de esta invisibilidad
se deben al miedo de las víctimas a ser amenazadas por denunciar y a la
ausencia histórica del Estado en la región. El conflicto armado en la Guajira
ha afectado de manera profunda muchas prácticas y significados culturales
de los Wayuu. Entre los más visibles están los funerales, las relaciones con
los muertos y las lógicas del enfrentamiento, lo mismo que las prácticas de
la vida cotidiana. El haber asesinado mujeres y niños en Bahía Portete es
una acción que rebasa la lógica de guerra Wayuu, por ello causó un impacto
muy fuerte en el interior de la comunidad de Portete y el desplazamiento
inmediato de la mayoría de las familias. También el no poder enterrar los
cuerpos en el cementerio de Portete y tener que enterrarlos fuera de éste
fue un evento desestabilizador desencadenado por la masacre.
Yanamas, trabajos de la Memoria.


“Porque les arrebataron la vida, nos robaron sus cuerpos, pero no podrán
borrarlos de nuestra memoria”.
Organización Wayuu Munsurat


“El tener que salir abandonándolo todo provocó una especie de conmoción
que se refleja en los rostros, en los diálogos, en los comportamientos. Ese
desconcierto aumenta cuando se analiza la situación y se acepta que por el
momento las posibilidades de retorno son remotas”.


Josefa Epinayú


El trabajo de la memoria de esta organización se ha basado principalmente
en volver a habitar poco a poco Bahía Portete a través de los yanamas.
Éstos son encuentros que se realizan una vez al año desde que ocurrió la
masacre. Tradicionalmente los yanamas eran los días en que se reunían
varias familias Wayuu para realizar trabajos comunitarios, similares a la
139
Capítulo III


minga andina. Los yanamas que se han realizado después de la masacre
han consistido principalmente en encuentros de cinco días para recordar
lo sucedido y testimoniar acerca de lo que continúa sucediendo en Bahía
Portete, con el fin de poder regresar algún día. Según testimonios de
miembros de la organización,
“Bahía Portete está llena de dolor, por eso necesitamos gente, comunidades
que compartan nuestro dolor, necesitamos solidaridad, los yanamas
los realizamos todos los años, con amigos y amigas, organizaciones de
derechos humanos que nos vienen a acompañar a nuestro territorio, para
nosotros seguir luchando por nuestros derechos, por lo que queremos”.
Los yanamas son una práctica que tiene que ver principalmente con la resignificación
del lugar, con el proceso de volver a habitarlo en medio de
lo que implicó su profanación violenta, haciendo el duelo por medio de
diferentes actos simbólicos y volviendo cada año en la fecha que sucedió la
masacre al territorio ancestral. La conmemoración de la masacre de Bahía

Portete por medio de los yanamas, que se ha realizado desde el 2005, ha
sido la forma de volver a estar en el territorio haciendo un llamado a un
posible retorno. Los yanamas realizados entre el 2005 y el 2007 fueron
realizados en Media Luna, territorio sagrado de los Wayuu que está ubicado
a una hora de Bahía Portete y cercado por el mega proyecto carbonífero del
Cerrejón y por el parque eólico de las Empresas Publicas de Medellín. El pueblo
no tiene luz ni agua potable ni ningún tipo de servicio público, a pesar
de los grandes beneficios que estas empresas obtienen de estos territorios.
El agua resulta vital en medio de las condiciones desérticas del territorio
y los pocos pozos de agua de lluvia están contaminados porque el Cerrejón
transporta el carbón en trenes con vagones abiertos, dejando una estela de
polvo de carbón que esteriliza la tierra y contamina el agua en su recorrido.
Diferentes organizaciones y comunidades han participado en los yanamas.
Entre ellas están algunos pueblos indígenas de Colombia (como los Wayuu
y Embera-katio), Wayuu de Venezuela, los Yaqui de México, afrodescendientes
de diferentes regiones de Colombia, la Corporación Reiniciar, la
Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación y delegados de los EE.
UU., México y Venezuela. El objetivo de la participación de los “externos”
ha sido el acompañamiento a los sobrevivientes de la masacre y a todo el
pueblo Wayuu en su lucha por evitar que este acto violento no caiga en
la impunidad y el olvido. Al final de cada yanama se realiza un informe
público en el cual se señalan los problemas que afectan a los Wayuu y, más
específicamente, a la comunidad de Bahía Portete. En dichos informes se
perciben varias constantes: continuidad en los actos de violencia contra
los indígenas de la Guajira, connivencia entre militares y paramilitares,
militarización del territorio indígena, desmantelamiento de las viviendas
abandonadas retirando tejas, tanques de agua y puertas y pretendiendo
con ello, como decía Débora, “desdibujar del paisaje la memoria de la existencia
de sus moradas”. En las paredes de las casas abandonadas se aprecian
grafitis con nuevas amenazas contra la población que habitaba en Portete.
141
Cuarto Yanama “Mujeres que tejen Paz”18


Se trata del primer yanama realizado en Bahía Portete cuatro años después
de la masacre. Su objetivo fue volver a estar ahí, dormir, cocinar, estar juntos
nuevamente en el territorio, recordando a los muertos y estando junto
a ellos. Como decía Débora, una de las líderes,
“la razón de este evento es la conmemoración de la masacre de Bahía Portete,
donde hubo violación de los derechos humanos. El objetivo de este
yanama es que vengan muchas personas en forma de solidaridad con la
comunidad para que esta pueda regresar, pero, desafortunadamente, Bahía
Portete todavía no tiene las condiciones para poder regresar”.
Esta conmemoración, esta forma de recordar la masacre se caracterizó por
el “evento de la cotidianidad” que los testigos externos esperábamos ver
bajo la forma de una conmemoración, una marcha, en fin, un evento conmemorativo
especial. Sin embargo, todo consistió en volver a estar ahí, en
volver a hacer habitable ese lugar que había sido tocado por la violencia y
el terror, así fuera sólo por unos días:
“En medio del dolor también hay alegría porque estamos nuevamente en
nuestro territorio comiendo, durmiendo con nuestros muertos, estamos
caminando, no tenemos ese miedo que teníamos tres años atrás, ahora nos
sentimos como si nos quisiéramos quedar para siempre acá, nosotros sí
nos vamos a quedar pero con garantías que nos tiene que dar el gobierno,
sabemos que las garantías de éste no van a ser las mejores porque a éste
no le interesa, pero con la ayuda de organizaciones de derechos humanos,
personas, amigos vamos a comenzar a volver al territorio”19.
El 17 de abril de 2008 se realizó un encuentro donde Débora hizo la presentación
oficial del yanama. Cuando éste terminó, rindieron sus testimonios
de lo ocurrido algunas de las mujeres que estuvieron presentes durante
la masacre y Vicente, una de las autoridades tradicionales dijo: “Gracias a
18. Al final del texto se anexan dos testimonios que ilustran la forma en que los Wayuu de
Bahía Portete trabajan la memoria. Se trata de los testimonios de una de las mujeres que
fue testigo de la masacre y actualmente vive desplazada en Maracaibo, y de un hombre
que representa la autoridad Wayuu en Bahía Portete.


19. Testimonio de Telemina Barros.

todos los que nos acompañan hoy con su solidaridad, porque durante los
cuatro años después de la masacre nunca habíamos vuelto acá a comer, a
dormir, y a estar acá, eso nos vuelve a generar confianza, el estar acá es un
reto, agradecemos mucho esa solidaridad”. Vicente contó cómo era la vida
antes en Portete, cuando no habían llegado los paramilitares y se vivía tranquilamente,
y expresó el deseo “de poder volver a su territorio a vivir como
antes, con sus nietos, su esposa, sus hermanos y sin ese miedo que después
de la masacre vive constantemente en él”. Durante esos días se realizaron
recorridos por el territorio como una forma de volverlo a caminar. Los recorridos
se hicieron por las casas y los cementerios abandonados, lugares que,
como decían las mujeres, “son casas violadas, adoloridas, y maltratadas.
Nuestras casas quedaron como cementerios porque ahí sacrificaron a las
personas por eso no podemos volver a vivir ahí, si regresamos tenemos que
construir nuevas casas, en esos ranchos hay mucho dolor y mucha tristeza,
son un cementerio para recordar a nuestros muertos”20. Una escena muy impactante
tuvo lugar durante ese recorrido. Tres mujeres que entraron a una
20. Testimonio de Josefa.

de las casas y se pusieron a llorar contra la pared. Lloraban sus casas, sus
lugares heridos, los lugares que habían sido obligadas a abandonar por los
actos de terror. Esas caminatas por el territorio mostraban un “pueblo fantasma”
en el que todavía rondaba el miedo y las memorias traumáticas de
la masacre ocurrida. Así contaba una de las mujeres que hizo el recorrido:
“Desde la primera noche que llegué acá después de cuatro años, fue una
alegría de volver y al mismo tiempo una tristeza muy grande de ver en lo
que había quedado nuestra tierra, ayer cuando fuimos a recorrer las casas
abandonadas, para mí fue una tormenta ya que se me vino a la cabeza todo
lo que había pasado, volví a sentirlo todo nuevamente”.
Paralela a la existencia de este “pueblo fantasma” hay que mencionar la
militarización del territorio, pues existe un puesto militar y continuamente
se ven los militares realizando sus recorridos por toda Bahía Portete. Este
puesto militar fue creado meses después de la masacre, en articulación con
el supuesto retorno auspiciado por la vicepresidencia. Hoy en día el puesto
militar hace parte de la “normalidad” y del “restablecimiento” del orden y
la tranquilidad en Bahía Portete. Al respecto dice Vicente, autoridad tradicional
Wayuu: “Últimamente reportan que en Bahía Portete hay muchas
familias que han retornado, lo cual no es cierto, ya que las familias que hay
no son de acá sino que han llegado a ocupar nuestras casas. El gobierno
quiere mostrar que Bahía Portete está habitada, pero eso es mentira, la
comunidad está desplazada”.
Presenciar esos rituales de retorno en calidad de testigos permite constatar
que la cotidianidad puede ser un lugar de esperanza, tal vez el único
lugar posible desde el cual se pueda dar un nuevo significado a los lugares
atravesados por el terror. Por las noches, durante el yanama, se organizaron
fogatas que creaban un espacio de reunión para estar juntos, narrar
historias, contar anécdotas, en fin, estar nuevamente ahí en su desierto. En
una de esas noches, una mujer “piache”21 realizó una limpieza del territorio
y de todos los que estábamos ahí presentes para llevarse todas las malas
energías. Fue una forma de sanación y de purificación social, una acción de
remembranza sobre el cuerpo social.
21. La Piache es una mujer que tiene poderes sobrenaturales y maneja la comunicación

El último día del cuarto yanama transcurrió en el cementerio de Media Luna
con el fin de acompañar a sus muertos, según dijeron los Wayuu. Ese día no
hubo ninguna conmemoración ni nada parecido, sino simplemente fue volver
a estar con sus muertos. Para los Wayuu, los muertos viven junto a ellos,
algunas veces se les aparecen en los sueños, hablan a través de los vivos o
los sienten transitar junto a ellos, por eso es tan importante velarlos. Uno
de los grandes descontroles sociales que ha traído el conflicto armado para
los Wayuu es el impedimento de velar a los muertos como se lo merecen.
Cuando ocurren desapariciones no se vela el cuerpo, esto atenta contra el
orden social Wayuu y el mundo de los muertos entra en descontrol. “No
hemos llorado a nuestros muertos como se merecen, a los desaparecidos”,
dice Josefa. En junio de 2008 regresaron a realizar la exhumación de algunos
de los cadáveres de la masacre, con el fin de trasladar sus cuerpos al
cementerio de Bahía Portete, ya que el primer paso del retorno es hacer
que los muertos regresen a su territorio. Una escena que deja ver la relación
con los muertos tuvo lugar en Media Luna cuando una niña de más o
menos 15 años limpiaba las tumbas donde están enterradas las víctimas de
la masacre, dejándoles agua y flores a cada una. Ella decía que era la forma
de cuidar a sus muertos para que no sufrieran más.
Como se ha podido ver, los horizontes de expectativa apuntan hacia un posible
retorno a Bahía Portete. Para que ello sea posible, los Wayuu exigen
que el Estado colombiano instale una mesa institucional que garantice al
pueblo Wayuu desplazado en Maracaibo retornar en condiciones de dignidad
y seguridad a su territorio ancestral. También exigen respeto a la
vida y demás derechos fundamentales de las personas que participen en el
proceso de retorno de los desplazados de Maracaibo. Exigen que el Estado
colombiano, a través de sus autoridades judiciales, enjuicie y castigue a los
autores intelectuales y materiales de los asesinatos; que se establezca la
responsabilidad penal e individual así como la responsabilidad política de
los sectores que han financiado al paramilitarismo; que los procesos en curso
no sean trasladados a la jurisdicción indígena, pues se trata de crímenes
de lesa humanidad que no pueden quedar en la impunidad. Los yanamas
han sido los espacios para realizar duelos colectivos, recordar lo sucedido
y volver a habitar, poco a poco, los lugares que quedaron marcados por la ntre el mundo social y el natural; consecuentemente también es curandera.

http://www.memoriahistorica-cnrr.org.co/images/content/memoria_tiempos_guerra.pdf



viernes, 14 de agosto de 2009

CAMPAÑA POR EL TERRITORIO

Compañer@s las organizaciones que intregan la Ruta Del Sombrero Wayuu y la Palabra agradece todo el apoyo incondiciònal en esta campañara por el TERRITORIO Y LA PERVIVENCIA del pueblo wayuu.

Hoy día, Avanzamos hacia un consenso representativo de todos los pueblos indígenas y demás sectores sociales vulnerables alrededor de los derechos y deberes fundamentales, que como pueblos originarios, aportamos a la construcción del país desde la total restitución de nuestra autodeterminación y alcanzar la unidad en la diversidad. Nuestros territorios siguen en la mira de las grandes transnacionales, que tratan de arrebatarnos nuestra dignidad y cercenarnos culturalmente de manera lenta y gradual por intermedio de las políticas que desde el orden central se han venido tejiendo para seguir consolidando el capital extranjero con la única salida de ver despejado nuestros territorios, de “indios que se oponen al desarrollo social y económico de la nación Colombiana”.
En este contexto exponemos los objetivos específicos de nuestra convocatoria; alzamos la voz en contra del proceso neoliberal del TLC; contra el proceso de privatización de los territorios de reserva natural dentro de resguardos indígenas y rechazo a los megaproyectos; no a la instalación de la base militar norteamericana en la Guajira; la expulsión de las bandas paramilitares de las rutas de la alta Guajira; la derogación del decreto 3038 que lesiona nuestras actividades comerciales; respeto a los sitios sagrados; dar cumplimiento y garantía a los compromisos pactados a través de la ley sama (salinas de manaure); No a la Privatización de la Educación Pública; No a la comercialización de la salud.
Las políticas estatales para la apertura de espacios de energías alternativas (Eólica y solar) y fósiles, consorcios hoteleros y turísticos en la alta Guajira, las constantes violaciones a los derechos humanos, y todo tipo de violencia contra la población civil que se dan en los territorios ocupados ancestral y tradicionalmente por indígenas, campesinos, afrodescendientes y demás sectores vulnerables.Son muchas las realidades que en los actuales momentos deben ser tratados en el marco de un análisis y reflexión desde la cotidianidad, para que desde esa realidad asumamos una postura de defensa de los recursos naturales, a las relaciones fronterizas que definen los aspectos económicos y culturales, a una educación intercultural y bilingüe para que sea asumida desde las organizaciones a través de sus respectivas autoridades tradicionales, porque desde allí se debe iniciar un proceso de liberación de actores ajenos en nuestros territorios, porque todo este conjunto de inequidades administrativas y jurídicas hacen daño desde nuestras perspectivas en continuar trabajando de manera incansable para el logro de un país que permita el andamiaje de viabilizar nuestra diferencia en medio de la diversidad.

CAMPAÑA POR EL TERRITORIO.

miércoles, 22 de julio de 2009

PRIMER TALLER COMUNICACIONES



lA ORGANIZACION WAYUUMUNSURAT,MUJERES TEJIENDO PAZ, PARTICIPAMOS EN EL PRIMER TALLER DE COMUNICACIONES EN TAGANGA,SANTAMARTA POR EL GRUPO DE RED DEL CARIBE,EN EL CUAL LOGRAMOS OBTENER UN MAYOR CONOCIMIENTO Y APRENDIZAJE EN LOS TEMAS RELACIONES. RADIO, WEB ETC.LA ORGANIZACION ASUMIDO EL COMPROMISO DE TRANSMITIR LO APRENDIDO A OTRAS ORGANIZACIONES TEJIENDO UNA RED DE COMUNICACIONES

miércoles, 28 de enero de 2009

Refugiados wayuu piden seguridad en la Guajira





Texto: Milagros Palomares

Acabaron con todo lo que teníamos, casas y animales. No queremos seguir huyendo”, contó uno de los afectados.

Llena de miedo y con la única fuerza que otorga el instinto de la supervivencia, “María” —nombre ficticio para proteger su identidad— caminó durante 72 horas por los intrincados caminos de la alta Guajira colombiana hasta llegar a suelo zuliano el pasado 9 de enero de 2008.

Ella, al igual que 85 indígenas de la etnia wayuu, dejó forzosamente su país, su gente, su historia y sus raíces, en el poblado Taparají, municipio Uribia, de la alta Guajira colombiana. La razón: un nuevo ataque paramilitar que acabó con casas, animales, siembras y carros en la zona.

Sólo con una botella de agua a cuestas y sin provisiones de alimentos, “María”, cruzó la frontera de Venezuela para resguardarse de la violencia armada que minó las tierras que le brindaban el sustento diario a ella y a sus ocho hijos.

“A punta de agua y de masticar cardón pudimos sobrevivir, hasta que llegamos al Zulia para refugiarnos. Nos vinimos en grupos de 15 personas y luego nos dispersamos. Exigimos que se nos brinde mayor seguridad en la Guajira porque queremos volver a nuestras tierras”, expresó con tono de angustia.

La historia se vuelve a repetir, tal como ocurrió hace cinco años en la población de Bahía Portete, Colombia, cuando 12 familias indígenas salieron huyendo de la una matanza perpetrada por presuntos paramilitares, en el que murieron 12 personas y que dejó, para esa oportunidad, a 292 wayuu refugiados en el Zulia.

Esta vez, por fortuna, no hubo víctimas fatales que lamentar, pero sí daños materiales en las viviendas y parcelamientos de cultivos de los refugiados, tal como lo corroboró, el pasado 14 de enero, una comisión presidida por Pedro Miguel Peinado, director del Cuerpo Técnico de Investigaciones de la Fiscalía, de Colombia, Fernando López, defensor del pueblo en la Guajira y el secretario de gobierno de Uribia.

“Estas autoridades colombianas se acercaron hasta la población de Taparají para constatar una denuncia recibida por los afectados y, en efecto, encontraron cartuchos de bala, además de dos casas y un carro quemado producto del lanzamiento de dos granadas”, contó, vía telefónica, Paola Benjumea, corresponsal del diario El Tiempo de Bogotá, en la Guajira colombiana.

“Nos duele mucho dejar la tierra que uno sembramos con tanto esfuerzo. Allá teníamos cosechas de frijoles, maíz y auyama. No es justo que salgamos huyendo como si fuéramos delincuentes”, contó “Francisco”, otro de los refugiados quien prefirió omitir su verdadero nombre.

Con indignación, agregó que los paramilitares se adueñaron de Taparají luego de la matanza de Bahía Portete. “Hace más de cinco años que se instalaron allí, como si fueran dueños del pueblo. Nos agarran los animales y se los comen sin nuestra autorización, y al que no le gusta le echan plomo. El siete de enero nos lanzaron dos granados y por eso tuvimos que salir huyendo por la sierra, hasta que llegamos a Venezuela”, añade.

En carne propia, “Eladio” —otro de los wayuu vulnerados— describió la violencia perpetrada por los presuntos paramilitares el pasado 7 de enero.

“Acabaron con todo lo que tenía porque no quise unirme a ellos (los paramilitares) para ayudarlos a traficar la droga; me quemaron la casa, el chinchorro y mi carro, me quedé sin animales y sin tierra y por eso estamos huyendo. Queremos que se vayan los paramilitares de nuestras tierras y esperamos que las autoridades colombianas actúen para que los saquen de Taparají”, exige.

“El Gobierno colombiano nos tiene en el abandono. Deben actuar para quitar a los paramilitares de nuestras tierras. Hace más de cinco años que estamos refugiados en el Zulia, somos 42 familias y en cinco años han nacido 28 niños. Exigimos que nos brindan la seguridad necesaria para regresar a Bahía Portete”, contó con desesperación “Ernesto”, quien posee condición legal de refugiado.

Preñados de esperanzas, “María”, “Eladio” y “Ernesto” y los otros 83 refugiados, anhelan volver a labrar la tierra que los vio nacer.

“Nadie elige convertirse en un refugiado o desplazado. Sólo peleamos por lo que nos pertenece y no queremos estar huyendo toda la vida”.

http://www.panorama.com.ve/panodi/504310.html

martes, 27 de enero de 2009

Acnur pide a Colombia que proteja a los indígenas que son víctimas de ataques

el tiempo.com


La soluicitud del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados fue hecha este martes en la sede del organismo en Ginebra.


"Acnur solicita a las autoridades que tomen las medidas necesarias para proteger a los indígenas de las violencia y el desplazamiento forzado", señala un documento distribuido hoy por esta agencia de la ONU.

Además muestra "su preocupación" por los crecientes casos de desplazamiento forzado a los que han sido sometidos los indígenas wayú que viven en La Guajira.

Según los últimos datos, 86 indígenas Wayuu llegaron al departamento venezolano de Zulia tras haber atravesado el desierto de La Guajira y haber cruzado la frontera, después de haber sido víctimas de un ataque.

Los atacantes fueron hombres armados que quemaron sus casas y los amenazaron de muerte, según los testimonios recogidos por los funcionarios del Acnur en Venezuela.

"Estamos muy preocupados, porque vemos que estos casos se repiten y no cesan, es el intento de quitarles a los indígenas sus tierras ancestrales", declaró el portavoz del ACNUR, Rod Redmond.

Los refugiados wayú explicaron que un grupo mayor de su etnia que también huyó de los ataques se encuentra aún en el desierto de La Guajira.

El Acnur alertó que estos ataques se insertan en un contexto de creciente violencia en La Guajira, dado que se han documentado asesinatos selectivos, amenazas de muerte, intimidaciones y extorsiones, así como la reorganización de grupos armados ilegales.

Según la agencia, la violencia la sufren especialmente los wayú, así como otros grupos indígenas como los arhuaco, los kogui, y los wivam, que juntos representan el 45 por ciento de la población del departamento.

Los wayú son una de las comunidades indígenas más numerosas de la región, hay 150.000 en Colombia y 160.000 en Venezuela.

El departamento de La Guajira es una región estratégica que da acceso al mar Caribe, es por ello que es el lugar elegido por diversos grupos armados que quieren controlar el comercio ilegal de estupefacientes.

Según datos oficiales, más de 50.000 personas han sido desplazadas involuntariamente a causa de la violencia imperante en el departamento.

En Colombia hay un millón de indígenas, divididos en 80 grupos distintos.

Veintisiete de ellos están formados por menos de 500 personas y corren el riesgo de extinguirse, a menudo como resultado de la violencia y de los desplazamientos forzados.

Ginebra
Con EFE
http://www.eltiempo.com/colombia/politica/acnur-pide-a-colombia-que-proteja-a-los-indigenas-que-son-victimas-de-ataques_4777096-1

martes, 2 de diciembre de 2008

REARME EN LA GUAJIRA

Verdad Abierta estuvo en la Guajira y pudo constatar procesos de rearme paramilitar en la media y alta Guajira, además de la fuerte presencia de hombres de 'Don Mario' en la región y el preocupante impacto del narcotráfico en esta zona del país.


Ideas para la Paz para Verdadabierta


Dos hechos ocurridos en noviembre muestran lo que ocurre en la Guajira en orden público. Por un lado la masacre de seis personas en Maicao y por otro la reciente incautación de 2.5 toneladas de coca en la alta Guajira. Ambos con un hilo conductor, la fuerte presencia bandas armadas integradas por ex paramilitares e involucradas de lleno en el negocio del narcotráfico.
El sábado 8 de noviembre fueron asesinadas seis personas pertenecientes a la etnia Wayúu en Maicao. Ese día dos personas en una motocicleta dispararon a un grupo familiar en el barrio Santander y le causaron la muerte a Rafael Antonio Valdeblánquez Barros, Eider Manuel Barros, José David Mindiola Gámez, los hermanos Carlos y Arturo Iguarán Acuña, y María Mary Epiayú Ipuana, quien se encontraba en estado de embarazo.


Entre los muertos se encontraba Eider Manuel Barros, hijo de José María Barros Ipuana, alias "Chema Bala", conocido paramilitar miembro de los Wayúu y quien hacía parte del frente contrainsurgencia Wayúu del bloque Norte que lideraba "Jorge 40". "Chema Bala" comandó junto a otros paramilitares la masacre de Bahía Portete (municipio de Uribia) en abril de 2004 en la cual fueron asesinadas 12 personas, desaparecidas más de 30 y originó el desplazamiento de más de 600 Wayúu.


Así mismo otro de los asesinados, Rafael Antonio Valdeblánquez, era hijo de Gervasio Valdeblánquez Ipuana conocido comerciante guajiro que ha sido relacionado con los paramilitares y el narcotráfico en la región. En junio de 2007 circuló una foto suya en compañía de Vicente Castaño quien al parecer se escondía en la Guajira.
'Chema Bala', quien convivió con una hermana de Gervasio Valdeblánquez, fue capturado en octubre de 2004 por la DIJIN y posteriormente se acogió a la Ley de Justicia y Paz, luego de las desmovilizaciones del bloque Norte en marzo de 2006. Barros Ipuana fue pedido en extradición por los Estados Unidos el 22 de agosto de 2007, y esta fue autorizada por el gobierno colombiano el pasado 10 de octubre. Hoy espera en la cárcel de Cómbita su traslado a la Florida.
La incautación el pasado 19 de noviembre de 2.5 toneladas de clorhidrato de cocaína en la alta Guajira es el más reciente golpe de las autoridades a las redes de narcotráfico que operan en la zona. Estas redes que en un principio eran lideradas por el bloque Norte de las AUC y luego vendidas a los 'Mellizos', hoy están bajo el poder de 'Don Mario' y de Arnulfo Sánchez González, alias 'Pablo'.
Arnulfo Sánchez González alias "Pablo" lider de los grupos rearmados en la media y alta Guajira. Foto Policía
Este último cargamento, avaluado en 63 millones de dólares, fue incautado por la Policía Antinarcóticos en zona rural de Puerto Chimare dentro de un camión de estacas con placas del Estado de Zulia (Venezuela), y según las autoridades pertenecía a alias "Don Mario".
El operativo es el último de una serie que en lo que va de este año ha significado la incautación de 113 toneladas de cocaína en el país. En la Guajira en febrero de este año fue incautada una tonelada en Manaure, en agosto fueron dos toneladas más cerca de Puerto Bolívar y en septiembre 4.83 toneladas fueron halladas enterradas en un sector denominado Parajimarahu.
La llegada de los paramilitares a la Guajira acrecentó la importancia de esta zona para los narcotraficantes.


Los "paras" a la Guajira


Los paramilitares llegaron a la Guajira por el sur en el año 2002 a manera de ejército de ocupación, motivados por los narcotraficantes de la zona y algunas familias locales relacionadas con negocios ilícitos. Con su entrada 'Jorge 40' y sus hombres asesinaron a dos hombres claves del negocio del contrabando y el narcotráfico, ambos de ascendente Wayúu, Mario Cotes el 10 de julio de 2002 y Luis Ángel González el 6 de marzo de 2003. Luego de otra serie de asesinatos selectivos el jefe del bloque Norte coloca a "Felipe" como comandante de la zona y empiezan a apoderarse de territorios como Maicao, Manaure y Uribia.


Posteriormente se crea el frente contrainsurgencia Wayúu a partir de una alianza entre 'Jorge 40' y la familia Ipuana, que se consolida tras la masacre de Bahía Portete. De esta alianza hacen parte 'Chema Bala' y Arnulfo Sánchez González, alias 'Pablo', quedando este último al mando luego de la captura del primero. Bajo esta estructura los paramilitares se apoderan del negocio del narcotráfico, el contrabando, la venta de combustible, la extorsión y desde luego la contratación pública en municipios como Uribia. Así mismo fueron los responsables de muchas de las masacres, homicidios selectivos y desapariciones que las comunidades Wayúu tienen documentadas (ver informe).


Sin embargo, tras la desmovilización del bloque Norte en el 2006, la propia Defensoría del Pueblo y la MAPP/OEA empezaron a alertar sobre la presencia de reductos de paramilitares que no se habían desmovilizado y que se autodenominaban "Comandos Águilas Negras". Al parecer alias "Pablo", junto a sus hermanos se encontraban detrás de estas estructuras.
Paramilitarismo y narcotráfico hoy
Entre las hipótesis que se manejan localmente sobre la reciente masacre en Maicao existe una que ha empezado a tomar fuerza y que define el vínculo actual entre los reductos paramilitares y el narcotráfico.


Entre la comunidad Wayúu las muertes serían un ajuste de cuentas entre familias de su étnia, algunas involucradas con las redes de narcotráfico, y otras que han decido desligarse y han planteado otros mecanismos de resistencia. Este escenario tiene como trasfondo las estrategias utilizadas por el paramilitarismo para colocar en función de sus intereses –el narcotráfico- los conflictos históricos entre los diferentes clanes.
Lo que se dice en la región es que algunas personas entregaron información a las autoridades, lo que a su vez permitió la incautación de varios cargamentos de coca que las bandas emergentes pensaban sacar por la Alta Guajira. Al parecer una de las personas que delató algunos de los embarques estuvo en el lugar donde se cometió la masacre, abandonando el lugar minutos antes del hecho. Esta persona es conocida en la región como 'Wakuko' y actualmente se desconoce su paradero. Para muchos, la presencia del hijo de 'Chema Bala' y de Valdeblánquez en el lugar no es fortuita.


La masacre es atribuida a hombres de alias 'Pablo' quien siempre ha considerado a Maicao como una zona estratégica y de retaguardia, y al parecer es el responsable de coordinar la seguridad para estos envíos de coca. En este municipio mantiene dos emisarios quienes con unos 30 hombres controlan la extorsión en el triángulo conformado por Maicao, Majayura y Carraipía.
Así mismo transita entre Maicao y Uribia, ubicándose en estribaciones del Cerro la Teta (Uribia), lugar donde también tiene su sede un destacamento del ejército.


Por otro lado y con relación al papel de alias 'Don Mario' en la zona hay también varias versiones. Lo cierto es que su presencia o la de los "venidos de Urabá", como los llaman los Wayúu, es evidente. En Maicao a inicios de este mes se supo del cobro de una doble extorsión al comercio por grupos distintos, uno a nombre de alias 'Julio' y otro a nombre de alias 'Mauricio'. Sin embargo, fuentes de inteligencia creen que al igual que pasó con lo 'Mellizos', 'Pablo' y su gente mantienen una estrategia de no confrontación y alianza para el envío de coca, ahora con 'Don Mario'.


En la Alta Guajira algunas comunidades Wayúus están resistiendo a la presión de estos grupos ilegales. Algunas personas de la comunidad, consultadas por Verdadabierta, temen que ante la falta de presencia de la fuerza pública en la zona, sean los mismos wayúus los que se tomen la justicia por su cuenta, cómo ha pasado en casos de venganzas entre familias de esa étnia.
En la Guajira la desmovilización paramilitar no parece ser referenciada como tal por sus habitantes y los poderes políticos locales involucrados con estos grupos aún mantienen vigencia. Así mismo, la aparente omnipresencia de 'Don Mario' en distintas zonas del país solo parece explicarse, como en este caso, por las varias estructuras de las antiguas Auc que nunca se desmovilizaron y que hoy en día defienden con las viejas prácticas paramilitares su participación dentro del negocio del narcotráfico.

http://www.verdadabierta.com/web3/conflicto-hoy/rearmados/572-paramilitares-y-narcotrafico-en-la-guajira


lunes, 6 de octubre de 2008

LA RESISTENCIA INDIGENA ATRAVEZ DEL SOMBRERO Y LA PALABRA

lA MUJER WAYUU Y EL SOMBRERO




LAS FLORES Y LOS WAYUU
EL SOMBRERO SIMBOLO DE PAZ
LOS AFROS PRESENTE Y UNIDOS POR LOS DERECHOS.
Fotos: De la Organizacion Wayuumunsurat



domingo, 14 de septiembre de 2008

TEATRO JAHECHI DE GIRA EN EL AMAZONAS




Fotos organizacion wayuumunsurat.

El próximo miércoles 10 de septiembre viajará al Amazonas JAYEECHI a presentar la obra “LOS MALOS CONSEJOS DE SEKURUT” (Cosmogonía Wayuu), uno de los trabajos seleccionados en la convocatoria ITINERANCIAS POR COLOMBIA, proyecto que financia en su totalidad el Ministerio de Cultura cubriendo traslados, estadía y honorarios, con el propósito de realizar intercambios culturales entre las diferentes regiones del país.
.Además de las dos funciones programadas, JAYEECHI realizará talleres en el AUDITORIO DE LA BIBLIOTECA DEL BANCO DE LA REPÚBLICA en Leticia y en la MALOKA MORUAPU en Puerto Nariño, lugares donde se estará presentando esta propuesta teatral que lleva en escena 10 años y la cual ha dejado en alto el nombre de la cultura Wayuu y La Guajira en diferentes eventos del ámbito nacional, así como también el de Colombia en el exterior..LOS MALOS CONSEJOS DE SEKURUT (Cosmogonía Wayuu)
SINOPSIS“La tradición es como una anciana que sentada en el camino de los días, cuenta a las generaciones venideras lo que ha vivido”.
.“La cultura oral como una literatura de creación y recreación, se basa fundamentalmente en la cosmovisión, en los principios de la naturaleza observados y vividos por el Wayuu”. (Ramón Paz Ipuana). Escritor Wayuu q.e.p.d
.Este montaje retoma la riqueza mítica de la etnia Wayuu lúdicamente fusionando la danza, la música y lo ritual, describiendo aquellos seres sobrenaturales que habitan cotidianamente la realidad del imaginario ancestral, convidando a los espectadores a realizar un viaje fantástico por la maravillosa Guajira.
.En la primera parte se apreciará lo misterioso de JUYA (Lluvia) junto con PULOWI (su mujer), los poderes de seres como KEERALIA, LOS AKALUKAI, EL WANESATAI, y los EPIEYÚ, al igual que la fertilidad de MMA (Tierra), la cual no podría realizar sus procesos de fertilidad sin KASHI (Luna), logrando así junto con KAI (Sol), la naturaleza su vital equilibrio.
.La segunda parte SEKURUT, (Pájaro carpintero), será el personaje encargado de dar origen al cardón o cactus, burlándose de la ingenuidad de sus hermanos Wayuu, aún después de haber sido castigado por MALEIWA (ser épico con poderes sobrenaturales)..
TRAYECTORIA
“LOS MALOS CONSEJOS DE SEKURUT” (Cosmogonía Wayuu), es uno de los montajes de repertorio que posee diez (10) años de trayectoria. Por su importancia ha sido grabado para el canal cultural de la televisión nacional SEÑAL COLOMBIA en el año 1999, como un referente artístico de la riqueza plurietnica y multicultural.
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Ha participado entre otros eventos en el XI Festival “Don Quijote” en París en el año 2002 y como ponente en el XI Congreso Nacional de Antropología en la Universidad de Antioquia en el año 2005 y en el Festival ETNIC ROOTS en San Andrés en el 2007.